Apartados

entendámonos

No es este el relato de hazañas impresionantes, no es tampoco meramente un “relato un poco cínico”; no quiere serlo, por lo menos. Es un trozo de dos vidas tomadas en un momento en que cursaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños. Un hombre en nueve meses de su vida puede pensar en muchas cosas que van de la más elevada especulación filosófica al rastrero anhelo de un plato de sopa, en total correlación con el estado de vacuidad de su estómago; y si al mismo tiempo es algo aventurero, en ese lapso puede vivir momentos que tal vez interesen a otras personas y cuyo relato indiscriminado constituirá algo así como estas notas.

Así, la moneda fue por el aire, dio muchas volteretas; cayó una vez “cara” y alguna otra “seca”. El hombre, medida de todas las cosas, habla aquí por mi boca y relata en mi lenguaje lo que mis ojos vieron; a lo mejor sobre diez “caras” posibles sólo vi una “seca”, o viceversa, es probable y no hay atenuantes; mi boca narra lo que mis ojos le contaron. ¿Que nuestra vista nunca fue panorámica, siempre fugaz y no siempre equitativamente informada, y los juicios son demasiado terminantes?: de acuerdo, pero esta es la interpretación que un teclado da al conjunto de los impulsos que llevaron a apretar las teclas y esos fugaces impulsos han muerto. No hay sujeto sobre quien ejercer el peso de la ley. El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra Argentina, el que las ordena y pule, “yo”, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra “Mayúscula América” me ha cambiado más de lo que creí.

En cualquier libro de técnica fotográfica se puede ver la imagen de un paisaje nocturno en el que brilla la luna llena y cuyo texto explicativo nos revela el secreto de esa oscuridad a pleno sol, pero la naturaleza del baño sensitivo con que está cubierta mi retina no es bien conocida por el lector, apenas la intuyo yo, de modo que no se pueden hacer correcciones sobre la placa para averiguar el momento real en que fue sacada. Si presento un nocturno créanlo o revienten, poco importa, que si no conocen personalmente el paisaje fotográfico por mis notas, difícilmente conocerán otra verdad que la que les cuento aquí. Los dejo ahora conmigo mismo; el que fui…

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Escribo que escribo…

Escribo. Escribo que escribo. En el pensamiento me veo escribiendo que escribo además me puedo ver viéndome que escribo. Me recuerdo escribiendo y lo mismo viéndome que escribía. Y me veo recordándome que me veo escribiendo y me recuerdo viéndome que me recuerdo que escribía y escribo viéndome escribiendo que me recordaba que me vi escribiendo que escribía y que escribo que escribía. Y además, me puedo imaginar escribiendo que ya escribí que me imaginaba que me veo escribiendo que escribo.

Salvador Elizondo, El grafógrafo.

 

 

 

Pensá…

A ver si me entendés querido, te digo que lo que uno hace en esta vida lo paga en esta vida. Las cosas son así boludo. Que le vas a hacer, vos quédate tranca, después de todo la culpa fue de ella. Yo te dije que no tenía sentido todas esas cosas que te decía. Que baja a comprar el pan que anda a comprar la carne, que las verduras que el Fernet. Te tenía como a un esclavo. Y vos con cara de pollito empapado siempre ibas contento. Como si no te quedara otra opción. Ahora no te arrepientas. Ella se lo busco. Pensá que el tiempo borra todas las heridas. Buenos al menos las de ella. Pensá que somatizaste toda esa angustia reprimida y ese odio y lo vomitaste un día. Es que ya te lo decía tu psicólogo. Hernán tenés que tener un poco más de actitud en la relación. Y vos no le hacías caso. Yo creo que fue eso. Mucho tiempo dominado boludo. Pero que le vas a hacer sos el pasivo, la voluntad controlada, el débil como se dice. De todas formas, no podés cambiar.