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Escribo que escribo…

Escribo. Escribo que escribo. En el pensamiento me veo escribiendo que escribo además me puedo ver viéndome que escribo. Me recuerdo escribiendo y lo mismo viéndome que escribía. Y me veo recordándome que me veo escribiendo y me recuerdo viéndome que me recuerdo que escribía y escribo viéndome escribiendo que me recordaba que me vi escribiendo que escribía y que escribo que escribía. Y además, me puedo imaginar escribiendo que ya escribí que me imaginaba que me veo escribiendo que escribo.

Salvador Elizondo, El grafógrafo.

 

 

Pensá…

A ver si me entendés querido, te digo que lo que uno hace en esta vida lo paga en esta vida. Las cosas son así boludo. Que le vas a hacer, vos quédate tranca, después de todo la culpa fue de ella. Yo te dije que no tenía sentido todas esas cosas que te decía. Que baja a comprar el pan que anda a comprar la carne, que las verduras que el Fernet. Te tenía como a un esclavo. Y vos con cara de pollito empapado siempre ibas contento. Como si no te quedara otra opción. Ahora no te arrepientas. Ella se lo busco. Pensá que el tiempo borra todas las heridas. Buenos al menos las de ella. Pensá que somatizaste toda esa angustia reprimida y ese odio y lo vomitaste un día. Es que ya te lo decía tu psicólogo. Hernán tenés que tener un poco más de actitud en la relación. Y vos no le hacías caso. Yo creo que fue eso. Mucho tiempo dominado boludo. Pero que le vas a hacer sos el pasivo, la voluntad controlada, el débil como se dice. De todas formas, no podés cambiar.

En aquel castillo sin brillo…

En aquel castillo sin brillo
te espero con anhelo
te sueño sin dueño
te quiero sin peros
En aquel castillo sin brillo
Colecciono amaneceres
colecciono soledades
colecciono lunas y estrellas
En aquel castillo sin brillo
la marea siempre sube
la autoestima siempre sube
tu amor siempre sube
En aquel castillo sin brillo
nos amamos en silencio
nos amamos entre besos
nos amamos entre sueños
En aquel castillo sin brillo
te espero doncella
te espero princesa
te espero mi reina.

Sos y soy

A veces me pregunto porque todo es tan efímero. Porque ese ser que ha estado en tantos lugares diferentes sabe que mañana todos esos recuerdos serán nada. El pueblo aquel, la laguna al atardecer, el mar en un claro amanecer, la primera vez que vi la nieve en aquel país lejano y nuevo. La adolescencia entre montañas, mi regreso a las llanuras. El sol del verano. Las aventuras de jovenzuelo. Todo es efímero y se desvanece en un abrir y cerrar de ojos. Esto que soy ahora mismo, este ser que escribe detrás de una pantalla y ese ser que lee de ese lado de la pantalla. Ambos sabemos que somos fragílmente sensibles a la nada y al paso del tiempo. Pero aun así seguimos existiendo. Sos y soy. Vos ahí leyendo cada canto de mi alma, cada idea que emanó de mi esencia y fue compartida públicamente, para que mis penas y mis alegrías, mis ocurrencias, mis gustos y todo lo que engloba mi mundo cultural se encuentre a disposición de todos. Porque como dijo un poeta rumano hace mucho, los poetas como los soldados no tenemos vida personal. Todo es efímero menos estas palabras… ¿o no?