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Fronteras, documentos y libertad.

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De – sierto o re – cierto diría un Argentino.

Las restricciones al libre movimiento de personas son una patraña. Y paso a explicar. Cuando llegue a Argentina a mis veinte años emigrado de España, era un ciudadano libre. Nacido en Bilbao, España, pero de nacionalidad rumana. Por encontrarme durante cinco años en España me otorgaron la residencia como extranjero. Al llegar a Argentina hice los trámites pertinentes para radicarme en condición de estudiante. Tras dos años de luchas burocráticas obtuve la radicación permanente. Por lo tanto, en un momento de mi existencia, conviví con tres residencias distintas. La que figuraba en mi documento rumano, la que quedo en España y la nueva obtenida en Argentina. Como sostenía Noam Chomsky, en los tiempos que corren el capital puede moverse de una punta a otra del mundo sin restricciones mientras que el ser humano cada vez tiene más limitaciones a su movilidad. Para demostrar que los papeles son mera burocracia en el momento de partir de Argentina a Rumania me encontraba con mi DNI rumano vencido lo mismo que el pasaporte rumano. Mi Documento Nacional español extraviado, y mis cinco DNI argentinos perdidos (si tuve que renovarlo varias veces, además de que suelo perder seguido mi billetera). No poseía ninguna identificación válida que acreditara identidad y sin embargo se me permitió pasar todos los controles migratorios (país de origen, escalas y país de destino) y viajar a Rumania. Ustedes se preguntarán como. Use el comodín de la embajada. Con un simple papel, denominado salvoconducto, pude viajar medio mundo. Como les decía los páleles solo sirven para inhibir la libertad del hombre. En mi alegato voy a confesar que jamás cometí ningún crimen del cual me tenga que ocultar, ni arrepentir. Simplemente el sentirme tan libre de vivir y ser. Viajar es crecer y las limitaciones impuestas por el sistema siempre me parecieron ridículas. Viva la libertad del hombre y del ciudadano.

La R-Adio…

Una vez leí que lo mejor que podes hacer si estas en un viaje es hacerlo con música, y no solo con la tuya, sino con la radio. Hoy escucho música de Bulgaria, en un idioma que poco entiendo pero que es realmente llamativa. Instrumentos que en la tranqulidad del hogar buscaré y analizaré. Pero que a simple vista son violines, chelos y otros que vagamente reconozco. Buena forma de por lo menos en este viaje acercarme -al menos tangencialmente- a la cultura de este país, que a decir verdad, solo conocía su nombre y su cambio de moneda de relación tres a uno con el Euro, además de una estación de servicio y su paso fronterizo, del cual mejor ni hablar. La cultura esta en el aire y la radio me permite encontrarla y disfrutarla con ese paladar que tenemos allí en el tímpano, un saludo al estribo que me permitio subir a este viaje, al martillo que saca algunos clavos en mi existencia, y al junque que me dejara moldear nuevas piezas en mi vida.

Laguna la Picasa

Laguna de la Picasa, allá por Diego de Alvear, un pueblito perdido en el interior de Santa Fe y en el cual azarosamente el destino me tenía preparada una gran sorpresa. O tal vez simplemente tenía que suceder así. Hoy lo miro desde otros tiempos y los recuerdos me parecen sueños. El sueño que le compartí a aquella persona no era mi sueño, o no se. La realidad es que como en un cuento de hadas, esa persona partió al día siguiente de aquella localidad, se podría decir que nos conocimos viajando, solo que en sentidos opuestos. Hoy más lejos que núnca sigo prendido a su recuerdo, a su amabilidad, a su ayuda desinteresada, a su sonrisa. Ese pueblo quedara por siempre en mi memoria, al igual que ella, porque además de enamorarme (platonicamente hablando), pasamos junto a mi compañero de aventuras, unos de los días mas intensos de nuestra gira pelotari, donde conocimos gente sencilla, con vidas comunes, pero que sabían como explotar al máximo cada una de las aristas. Paleta, azados, apuestas, amigos ocasionales, colonia de verano, sol y calor. Como una película pero resumida en tres días. Porque el tiempo puede pasar volando, o puede viajar tan despacio que los segundos se hagan eternos, cuando se viaja sin tiempo la vida se vive a cada instante. Y creo que en eso estamos de acuerdo, ¿O no Ana?