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El eco de tu voz

En otro tiempo el acento no era tan marcado o si existía se escondía por vergüenza a la discriminación. Era un joven más introvertido y con un complejo marcado de inferioridad. Pero el tiempo paso y los kilómetros se sumaron a su espalda. El paso del tiempo no solo curo heridas, sino que también enseño lecciones, algunas más que valiosas, que si uno está atento son muy enriquecedoras para el alma. Aquel joven inmigrante tenía la capacidad de adaptarse rápidamente, tanto así que aprendió un idioma nuevo en tan solo un año, y tras su llegada al nuevo país volvió a retomar ese camino que implica aprender y adaptarse. Recuerda aquel memorioso que, en uno de las salidas, que hacen los adolescentes para celebrar que son seres que existen sin preocupaciones, una joven salvaje local le pidió que le mostrase la tonada foránea indicando así que sentía aprecio por el canto de otras latitudes. El joven disminuido en su esencia por los recuerdos y el pasado que se distanciaba cada día del presente no tuvo ni el interés ni la motivación para demostrar su verdadero ser y aquella historia quedo poco a poco en el olvido. Era una bella habitante de la selva, con finos rasgos autóctonos, tenía, si mal no recuerda aquel joven, un gran carácter y un sentido del humor muy refinado. El tiempo y el constante devenir de la realidad, que jamás vuelve a ser dos veces la misma, los distanciaron. Pero también el tiempo y el espíritu aventurero de él, hicieron que sus destinos se cruzaran una vez más. Así fue que durante un instante sus seres se encontraron, y a pesar de no reconocerse ella sintió en el aire esa tonada extranjera, e identifico el matiz del sonido que alguna vez deseo escuchar. Su encuentro fue tan breve que ninguno tuvo tiempo de comprender que había pasado allí, pero ambos saben que el encuentro de esos dos seres representa un encuentro con su pasado, con aquella juventud perdida, con aquellos momentos en que las mayores preocupaciones eran asuntos superficiales y lo que más interesaba al organismo biológico era la pasión del león que rugía dentro del pecho. Tal vez sean solo palabras o tal vez recordó sentimientos de una adolescencia en la que supo amar como solamente aman los aventureros. Aquí tengo todo el papel, solo me falta la lapicera para seguir escribiendo mi historia.

Felicitación a mi Madre.

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Ama-n-ser para mi Madre…

 

¿Qué es ese tiempo que tan religiosamente adulan los seres humanos? ¿Existe el tiempo por fuera de nosotros? ¿Se puede viajar en el tiempo? Muchas veces en mi vida me interrogo con este tipo de preguntas que, lejos de tener respuestas cada vez me abren nuevos interrogantes. Claro está que cuando uno viajo tanto en su vida los horizontes se desdibujan, cambian constantemente. Como viajar en el tiempo es algo que cualquiera que haya tomado un vuelo aéreo y haya viajado a través de algunos meridianos se podrá dar cuenta. Es sencillo o al menos eso parece. Acomodamos el reloj y se acabó la cosa. De hecho, con las actualizaciones automáticas de nuestro teléfono ni siquiera tenemos que pensar en ello. ¿Pero que es viajar a otra zona horaria? Esa hermosa sensación que se tiene cuando se pierde la noción de día y noche, cuando se piensa que es mediodía tan solo por las comidas que ofrece en el avión. Amo ese efecto que producen los viajes trasatlánticos. A veces me gusta pensar que tan solo somos materia que gira en torno al mismo eje y en torno al sol. Así, con un entorno completamente negro, rodeado de absolutamente nada. Aún en nuestro inconsciente organizamos nuestro día en función de cómo sale el sol o como se pone, nadie piensa que el sol está allí, fijo y que somos nosotros los que nos desplazamos armoniosamente por las orbitas elípticas (y en nuestro eje polar). Tampoco tendría sentido vivir pensando esas cosas, pero están ahí, en algún lugar de nuestra mente. Es el tiempo biológico el que importa, el que pasa hagas lo que hagas, el que nunca será dos veces el mismo; si nostalgias tu infancia tengo malas noticias, seguirás con el mismo sentimiento vital de que nunca volverás a aquella época de ingenuidad, a tener aquella energía que parecía inacabable. Disfruta las energías de tu presente pues para desgracia de todos nosotros va en continuo detrimento. Pero esta es la vida, hoy estamos aquí y mañana volveremos a ser polvo de estrellas. Por todo ello disfruta el momento, no digo que tires la casa por la ventana, pero cosas tan banales como las modas podrías restarles importancia y ser feliz con lo que tienes, al fin y al cabo, somos sujetos pensantes que no deberíamos juzgarnos por las apariencias. Por todo ello feliz cumpleaños a mi Madre que aún no comprende que tenga un hijo con un hobby tan raro –actualmente-como es la escritura.

Laguna la Picasa

Laguna de la Picasa, allá por Diego de Alvear, un pueblito perdido en el interior de Santa Fe y en el cual azarosamente el destino me tenía preparada una gran sorpresa. O tal vez simplemente tenía que suceder así. Hoy lo miro desde otros tiempos y los recuerdos me parecen sueños. El sueño que le compartí a aquella persona no era mi sueño, o no se. La realidad es que como en un cuento de hadas, esa persona partió al día siguiente de aquella localidad, se podría decir que nos conocimos viajando, solo que en sentidos opuestos. Hoy más lejos que núnca sigo prendido a su recuerdo, a su amabilidad, a su ayuda desinteresada, a su sonrisa. Ese pueblo quedara por siempre en mi memoria, al igual que ella, porque además de enamorarme (platonicamente hablando), pasamos junto a mi compañero de aventuras, unos de los días mas intensos de nuestra gira pelotari, donde conocimos gente sencilla, con vidas comunes, pero que sabían como explotar al máximo cada una de las aristas. Paleta, azados, apuestas, amigos ocasionales, colonia de verano, sol y calor. Como una película pero resumida en tres días. Porque el tiempo puede pasar volando, o puede viajar tan despacio que los segundos se hagan eternos, cuando se viaja sin tiempo la vida se vive a cada instante. Y creo que en eso estamos de acuerdo, ¿O no Ana?