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Fausto Argentino…

Pues como le iba diciendo
El Dotor apareció,
Y en público se quejó
De que andaba padeciendo.

Dijo que nada podía
Con la cencia que estudió,
Que él a una rubia quería,
Pero que a él la rubia no.

Que cansado de sufrir,
Y cansado de llorar,
Al fin se iba a envenenar
Porque eso no era vivir.

El hombre allí renegó,
Tiró contra el suelo el gorro,
Y, por fin, en su socorro
Al mesmo Diablo llamó.

¡Nunca lo hubiera llamao!
¡Viera sustaso, por Cristo!
¡Ahí mesmo jediendo a misto,
Se apareció el condenao

“Aquí estoy a su mandao,
Cuente con un servidor”,
Le dijo el Diablo al Dotor,
Que estaba medio asonsao.

“Mi Dotor, no se me asuste
Que yo lo vengo a servir.
Pida lo que ha de pedir
Y ordenemé lo que guste”.

El Dotor, medio asustao,
Le contestó que se juese…
-Hizo bien: ¿ no le parece?
-Dejuramente, cuñao.

Pero el Diablo comenzó
A alegar gastos de viaje
Y a medio darle coraje
Hasta que lo engatusó.

-¿No era un Dotor muy projundo?
¿Cómo se dejó engañar?
-Mandinga es capaz de dar
Diez güetas a medio mundo.

El Diablo volvió a decir:
“Mi dotor, no se me asuste,
Ordenemé en lo que guste,
Pida lo que ha de pedir.

Si quiere plata, tendrá:
Mi bolsa siempre está llena,
Y más rico que Anchorena,
Con decir quiero, será.

No es por la plata que lloro,
Don Fausto le contestó:
Otra cosa quiero yo
Mil veces mejor que el oro.

“Yo todo lo puedo dar,
Retrucó el Ray del Infierno,
Diga: -¿quiere ser Gobierno?
Pues no tiene más que hablar”.

-No quiero plata ni mando,
Dijo Don Fausto, yo quiero
El corazón todo entero
De quien me tiene penando.

Fragmento perteneciente a “Fausto” de Estanislao del Campo.

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Las cosas – Jorge Luis Borges

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¿Cuántas cosas,
limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Departe sunt de tine de Mihai Eminescu

 

Departe sunt de tine

Departe sunt de tine si singur lângă foc,
Petrec în minte viata-mi lipsita de noroc,
Optzeci de ani îmi pare în lume c-am trait,
Ca sunt batrân ca iarna, ca tu vei fi murit.
Aducerile-aminte pe suflet cad în picuri,
Redesteptind în fata-mi trecutele nimicuri;
Cu degetele-i vintul loveste în feresti,
Se-toarce-n gindu-mi firul duioaselor povesti,
S-atuncea dinainte-mi prin ceata parca treci,
Cu ochii mari în lacrimi, cu mini subtiri si reci;
Cu bratele-amindoua de gitul meu te-anini
Si parca-ai vrea a-mi spune ceva… apoi suspini…
Eu te string la piept averea-mi de-amor si frumuseti,
In sarutari unim noi sarmanele vieti…
O! glasul amintirii ramiie pururi mut,
Să uit pe veci norocul ce-o clipa l-am avut,
Să uit cum dup-o clipa din bratele-mi te-ai smuls…
Voi fi batrân si singur, vei fi murit de mult!

Artes dramáticas

Vos ibas hacia el río
Yo esperaba sentado
Atado al sentimiento
¿El encuentro?
Tu sonrisa y mi alegría
Curiosa elegía
Caminamos a la mar
Yo con mi bombacha
Vos con tu vestido rojo
Ojo al piojo, que la cita
Solo duro doce horas
Tu belleza y mi poesía
Iban de la mano
Nos hermanamos
¡Pero duro un instante!
Aunque la menguante naciera
Y el oleaje rugiera
Fue tan breve el amor
Fue tan largo el dolor…

 

Nos vemos el próximo domingo a las 09:44 (hora española).

Me gustaba escribir mis pensamientos porque en ellos reflejaba la esencia de mi ser

Me gustaba escribir mis pensamientos porque en ellos reflejaba la esencia de mi ser. Así fue que tras tantos intentos frustrados de acercarme a su corazón me digne por sincerarme a través de la pluma. Le envié las primeras fotos de aquellas poesías sin recibir ninguna respuesta de su parte. De todas formas, continúe mi existencia sabiendo que era tan solo un amor platónico. Tantas horas arrojadas al vacío me causaban cierta tristeza, pero comprendí que así es la vida, no siempre se obtiene lo que se desea. Aun no sé porque lo hacía, ni tampoco sé que ganaba ella husmeando en cada intimidad mía. Pero el tiempo pasaba y la ansiedad se hacía cada vez más intensa dentro de mí. Yo como joven enamorado de aquel amor platónico no dudaba en partir hacia el pueblo cada fin de semana que se presentaba la oportunidad. Me conformaba con verla unos segundos cada tanto, unos leves cruces de palabras, porque a decir verdad jamás entablamos un dialogo que valga la pena recordar. Quizás la vergüenza mutua por aquella salida rechazada por parte de ella o la amistad con su hermano que complicaba aún más los encuentros.