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En tus ojos…

Quizás les ha pasado…

Haberse enamorado de unos ojos

Yo recuerdo mi pasado y a ella a mi lado…

Fue allá en primavera…en el jardín botánico…

El encuentro… una cita…

O una mateada…

Analizándolo bien…creo que mejor la olvido…

Triste destino…porque partió al exilio…

Como un niño…

Esquivando al amor…

Temiendo al tiempo…

Su regreso fue incierto…

Su partir doloroso…

Nunca mas encontramos esos ojos

Esa mirada…

Se fue al exilio con los besos…

Y volvio cargada de soledad…

Con tu vestido rojo…

Vos ibas hacia el río

Yo esperaba sentado

Atado al sentimiento

¿El encuentro?

Tu sonrisa y mi alegría

Curiosa elegía

Caminamos a la mar

Yo con mi bombacha

Vos con tu vestido rojo

Ojo al piojo, que la cita

solo duro doce horas

Tu belleza y mi poesía

Iban de la mano

Nos hermanamos

¡Pero duro un instante!

Aunque la menguante naciera

Y el oleaje rugiera

Fue tan breve el amor

Fue tan largo el dolor…

De la vida (Antonio Machado)

DE LA VIDA


¡Ay del que llega sediento
a ver el agua correr
y dice: La sed que siento
no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe, y, saciada
la sed, desprecia la vida:
moneda al tahúr prestada,
que sea al azar rendida!

Del iluso que suspira
bajo el orden soberano,
y del que sueña la lira
pitagòrica en su mano.

¡Ay del noble peregrino
que se para a meditar,
después de largo camino,
en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía
que llorando se consuela,
y de la melomanía
de un corazòn de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor,
si en una noche serena
se cura del mal de amor
que llora y canta su pena!

¡De los jardines secretos,
de los pensiles soñados
y de los sueños poblados
de propòsitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna
que ronda a la luna bella,
de cuantos caen de la luna,
de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido
en la rama no alcanzò,
de quien el fruto ha mordido
y el gusto amargo probò!

¡Y de nuestro amor primero
y de su fe mal pagada,
y, también, del verdadero
amante de nuestra amada!

YO VOY SOÑANDO CAMINOS

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas! …
¿Adònde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
—La tarde cayendo está—.
«En el corazòn tenía
la espina de una pasiòn;
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazòn.»

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazòn clavada.»