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Paciencia ciencia de la paz…

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Yo no soy la libertad pero si el que la provoca [Facundo Cabral]

Estaba apoyado en la vidriera que daba a la calle Del Carmen. No recordaba con exactitud que esperaba, pero si recordó cómo se sentía. La sombra de los altos arboles se marcaba en la calle con el sol de la mañana. Una leve brisa primaveral anunciaba el calor de la tarde. Los autos pasaban a ritmo tranquilo. Llenaba el pecho de aire y exhalaba con total tranquilidad, porque sabía que era ahí donde quería estar. Cuantas veces se le había presentado esa sensación. La de encontrarse a gusto en un lugar, de sentirse libre sin importar el mañana. Recordó que tenía unos veinte años y estaba en un país lejano, trabajando por unas monedas en un trabajo sumamente inútil. Cosa que el tiempo le demostró. Era de sus primeros trabajos y de todo lo vivido siempre algo había aprendido, y aquella vez aprendió a agachar la cabeza y obedecer. Aquel trabajo le enseño valores como todos los trabajos realizados, pero poco a poco la curiosidad y su rebeldía fueron forjando una identidad que marcaría para siempre la esencia de su ser. Realizo que cuando uno va por la vida siendo libre ama lo que hace porque lo hace en libertad. Amo la vida y la libertad, amo la verdad, y amo ser fiel a sus sentimientos, aunque ellos signifiquen lanzarse hacia lo desconocido. Caminaba por la existencia enamorándose de sueños no de personas. Eran tiempos dolorosos donde las agujas del reloj permanecían fijas y el tiempo tirano que siempre se le iba de la mano, aquellas veces no se escapaba más. Firmeza al contemplar el sufrimiento en silencio. Pero ese sabor a libertad que emanaba de su ser en cada respiración le enseñaron el camino. Era joven e inocente, pero aprendió a luchar con la vida de igual a igual.

 

“Soy un ocaso entre las sierras.
Un amanecer frente al mar.
Soy un cielo estrellado
verde prado
o un acantilado,
donde al filo me encuentro,
mientras te sueño en silencio.”

 

Del libro Poesía al Ser:

 

¿Cómo?

¿Cómo acallar tantas palabras encerradas en este cuerpo sin carne, en este espíritu libre? El ser que se expresa libremente a través de la palabra que es sin duda el arma más importante que tiene el ser humano. Arma de expresión y de manipulación. La televisión y su lenguaje violento o el reguetón y su lenguaje idiotizante son claros ejemplos de ello. ¿Cómo demostrar que hay algo más que palabras? ¿Cómo iluminar con la vara de la cultura a tanta ignorancia pregonada? ¿Cómo trasmitir los valores que nos hacen más humanos? Siendo esta existencia tan efímera todavía hay gente que cree que salir a emborracharse y pelearse puede representar un alivio para su sufrimiento. Almas condenadas y reprimidas. Hay que liberarse de todas las ataduras, de los prejuicios, de las cadenas que nos obligan a moldear nuestra existencia en función de los demás. Vivan su vida de una manera original, porque al final, cuando las fuerzas ya no alcancen para levantarse de la cama y los pensamientos se hagan presentes ocupando el lugar del sueño, entonces y solo entonces (al menos yo) no quiero leer mi pasado y arrepentirme de las decisiones que no tome por cobarde.

La libertad es uno al ponerse en movimiento.

Fronteras, documentos y libertad.

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De – sierto o re – cierto diría un Argentino.

Las restricciones al libre movimiento de personas son una patraña. Y paso a explicar. Cuando llegue a Argentina a mis veinte años emigrado de España, era un ciudadano libre. Nacido en Bilbao, España, pero de nacionalidad rumana. Por encontrarme durante cinco años en España me otorgaron la residencia como extranjero. Al llegar a Argentina hice los trámites pertinentes para radicarme en condición de estudiante. Tras dos años de luchas burocráticas obtuve la radicación permanente. Por lo tanto, en un momento de mi existencia, conviví con tres residencias distintas. La que figuraba en mi documento rumano, la que quedo en España y la nueva obtenida en Argentina. Como sostenía Noam Chomsky, en los tiempos que corren el capital puede moverse de una punta a otra del mundo sin restricciones mientras que el ser humano cada vez tiene más limitaciones a su movilidad. Para demostrar que los papeles son mera burocracia en el momento de partir de Argentina a Rumania me encontraba con mi DNI rumano vencido lo mismo que el pasaporte rumano. Mi Documento Nacional español extraviado, y mis cinco DNI argentinos perdidos (si tuve que renovarlo varias veces, además de que suelo perder seguido mi billetera). No poseía ninguna identificación válida que acreditara identidad y sin embargo se me permitió pasar todos los controles migratorios (país de origen, escalas y país de destino) y viajar a Rumania. Ustedes se preguntarán como. Use el comodín de la embajada. Con un simple papel, denominado salvoconducto, pude viajar medio mundo. Como les decía los páleles solo sirven para inhibir la libertad del hombre. En mi alegato voy a confesar que jamás cometí ningún crimen del cual me tenga que ocultar, ni arrepentir. Simplemente el sentirme tan libre de vivir y ser. Viajar es crecer y las limitaciones impuestas por el sistema siempre me parecieron ridículas. Viva la libertad del hombre y del ciudadano.