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Llamita llamita…

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Llamita llamita quema todo lo que me mata. Quema el recuerdo de vidas pasadas, de aventuras en cálidas noches de verano, de atardeceres de fiesta, de amaneceres de libertad. Quema el naufragio de tantos recuerdos. Déjame cuerdo al menos por un instante. Quema mi obsesión por la transparencia, mi sinceridad ante el olvido, mi ingenuidad ante la muerte. Quema un corazón vagabundo, quema mi lugar en el mundo. Déjame el oxígeno que renace tras una lluvia pasajera. Déjame el olor a polvo, a asfalto fresco. Incendia con vehemencia los recuerdos que lastiman, pero no quemes mi libertad. No intenses prender fuego a mis alegrías, a mis soledades. Llamita que en las madrugadas ardes, y entre vías paralelas esperas que la pava del mate se arrime a tu calor. No quemes mis recuerdos compartidos, los pinares junto al río. No malgastes energía en truncar mi alegría, pues esta pirámide tiene una base sólida. No encontraras en su interior tesoros faraónicos, aunque puede que alguna momia sepultada entre tanta indiferencia. Busca con paciencia calentar el aire que nos permita un sueño profundo, pero no nos quites demasiado, de lo contrario moriremos en el más profundo silencio de la noche, entre los cantos de los  grillos.

Hoy hace un año…

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Mi amigo, yo y mi camisa viajera.

Facebook me recuerda que hace un año estaba cumpliendo un sueño. Generalmente no hago caso de las estupideces que anuncia, pues considero que todas ellas tienen un trasfondo económico. De hecho no se si saben que Facebook almacena toda su información, hasta los numero de teléfono de amistades que hace tiempo que no ven. Esta en su copia de seguridad, si quieren saber más sobre que sabe la famosa red social de ustedes, pues descarguenla. A lo que iba, hace un año cumplía un sueño, viajaba con un amigo por la República Argentina, más específicamente por Buenos Aires. Hoy rememoro esa aventura en la cual nos convertimos en motoqueros pelotaris, y con la amistad como estandarte salimos a conocer canchas de Pelota Paleta y a hacer nuevas amistades y nuevos desafios. De más esta decir que merece mucho más que estas sencillas lineas, pero rememorarlo tampoco esta nada mal. Prometí hacer un libro con todo lo ocurrido en aquella aventura, y poco a poco le estoy dando forma. Los sueños hay que cumplirlos en vida, de lo contrario sera muy triste llegar a viejo y ver que no nos quedan energías para nada. Desde mi espacio personal un abrazo grande en la distancia a ese amigo aventurero que ahora mismo esta viajando por Chile y la Patagonia Argentina, y por lo que veo sigue cumpliendo su sueño. Mis felicitaciones y admiración, y mis mejores deseos para tus aventuras de motoquero. Yo me soñé publicando un libro y estoy aplicado a la tarea, puede que el destino nos hermane de nuevo en alguna que otra cruzada. Recuerden lectores los sueños se cumplen en vida.

¿Te has parado a pensar en los tuyos?

Laguna la Picasa

Laguna de la Picasa, allá por Diego de Alvear, un pueblito perdido en el interior de Santa Fe y en el cual azarosamente el destino me tenía preparada una gran sorpresa. O tal vez simplemente tenía que suceder así. Hoy lo miro desde otros tiempos y los recuerdos me parecen sueños. El sueño que le compartí a aquella persona no era mi sueño, o no se. La realidad es que como en un cuento de hadas, esa persona partió al día siguiente de aquella localidad, se podría decir que nos conocimos viajando, solo que en sentidos opuestos. Hoy más lejos que núnca sigo prendido a su recuerdo, a su amabilidad, a su ayuda desinteresada, a su sonrisa. Ese pueblo quedara por siempre en mi memoria, al igual que ella, porque además de enamorarme (platonicamente hablando), pasamos junto a mi compañero de aventuras, unos de los días mas intensos de nuestra gira pelotari, donde conocimos gente sencilla, con vidas comunes, pero que sabían como explotar al máximo cada una de las aristas. Paleta, azados, apuestas, amigos ocasionales, colonia de verano, sol y calor. Como una película pero resumida en tres días. Porque el tiempo puede pasar volando, o puede viajar tan despacio que los segundos se hagan eternos, cuando se viaja sin tiempo la vida se vive a cada instante. Y creo que en eso estamos de acuerdo, ¿O no Ana?

Cumplir sueños.

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De chico tenia un ídolo, claro que todos tenemos ídolos y generalmente quedan allí en el recuerdo como personajes que nos inspiran a realizar cosas o simplemente a idolatrarlos. Así fue que a los doce o trece años comenze a jugar a la pelota paleta, un deporte argentino que me atrapo en sus redes desde aquella temprana edad y hasta mi partida del pais. El deporte no es muy complejo que digamos, consta de cuatro jugadores de a parejas y se encargar de golpear la pelota contra un fronton por turnos. Mi heroe de aquella temprana edad se llamaba Oscar Ismael Mesina, más conocido como el Manco de Teodelina. Le llamaban manco por un sobrehueso en su mano izquierda, si mal no recuerdo, y tenia una particularidad: a pesar de todo era el mejor en lo que hacia. El asunto es que este personaje logro ganarse su renombre dentro del mundo de la pelota paleta. Un bohemio de la vida, se la ganaba, como se dice coloquialmente, jugando y apostando dinero. De esta manera logro llegar hasta lugares recondos de la república Argentina y donde quiera que se encontrara una cancha este personaje desafiaba por dinero. Su talento era tal que no había quien pudiera con él. En su historial se recuerdan mil epopeyas y para los jugadores de paleta llego a convertirse en un héroe del deporte nacional. Ese era mi ídolo. Claro que era pequeño y por aquel entonces uno no se imagina las vueltas de la vida, la cuestión es que a los quince años partí al exilio y abandone ese querido deporte, además claro, de aquellas hermosas tierras. El sueño quedo latente en algun lugar de mi conciencia, y como la experiencia me enseña que el hombre es lo que sueña, un dia volví a mi tierra. Claro que las cosas habían cambiado y aquel joven soñador ya no tenía como primer plano en su conciencia ser como su ídolo de la infancia, pero como todo amante del deporte volví a jugar a la paleta. Las vueltas de la vida me hicieron conocer a un amigo, que en su repertorio de aventuras (todos tenemos las nuestras), había viajado por el continente con su motocicleta. Joven guevarista y porque no decirlo creo que hasta soñador. Demás esta decir que hicimos buenas migas, expresion que aun no analize mucho pero que me da la sensacion que “hacer migas” implíca compartir muchas comidas y muchos buenos momentos. Así fue que entablamos una amistad de jóvenes lectores aventureros. Un buen día los planetas se alinearon y surgio como por arte de mágia unas vacaciones que desde aquel día denominariamos “La gira pelotari”. El sueño comenzaba a hacerse realidad, y no solo eso, era mucho mejor. Mientras el Manco se gano su renombre de manera solitaria, nosotros lo hicimos como mejores amigos. La aventura nos llevo a conocer canchas que de otra forma no hubieramos imaginado, personas que quedaran en nuestra memorias, además claro de lugares, que en su mayoría, eran pueblos que no superaban los 3000 habitantes y donde recibimos un trato cordial y cálido. En cada pueblo que arrivabamos eramos recibidos con la mayor cortesía e invitados a jugar, para luego ser agasajados en la mayoría de los casos con alguna que otra comida. La realidad es que aquella aventura no podra ser borrada de mi memoria por mucho que pasen los años, demas esta decir que a pesar de no tener el talento del Manco de Teodelina, cuya localidad en Santa Fe, tambien conocimos, nos sentimos o al menos desde mi punto de vista, mas que satisfechos porque hoy desde la distancia de Rumania, miro aquellos recuerdos y me lleno de orgullo al saber que algo que soñe pude hacerlo realidad. Una aventura más para ser contada o escrita como en este caso, y para demostrar que los sueños, sueños son.

Demás esta contar que en aquella aventura con mi mejor amigo conocí a un amor, que para mi desgracia partiría al día siguiente hacia Francia. Ella no lo sabe pero aún tengo su recuerdo presente, sobre todo porque supo ayudar a dos viajeros que en la oscuridad de la noche necesitaban asilo.

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