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Memorias de un joven despechado…

En el poder de mi pluma todos los encantos.

Al vaivén de las palabras te sueño en silencio. El canto de mi alma exige tu respuesta, la sinceridad del ser. ¿Porque no apareces amor compañero? ¿Porque no luchas por tus sueños? ¿Acaso guardas algo que deba en vano desear?. Brillara el sol en la mañana y saldremos del castillo como dos almas gemelas. Tendrás el canto de mi alma, tendré tu mirada sincera. Te regalare puñados de rosas palabras y verdes atardeceres. Nos encontrara la noche estrellada abrazados y esa luna… oh que puedo decir de ella; Solo espero que esta vez sea creciente. Crearemos nuevos recuerdos que borren los dolores del pasado, cumpliremos sueños y seremos una sola esencia surcando el mundo de lo desconocido.
No es que no tengo ganas de verte. A decir verdad, me derrito con la luz de tu figura. ¿Pero como explicarle al mundo que me enamoro de sueños y no de una figura. Aquella tarde noche del treintaiuno realmente quería estar ahí…
¿O me miento y en realidad quería estar en Cuba? ¿Que deseaba mi corazón realmente en ese momento? No me puedo sincerar. No se a quien ame mas. No se a quien amo mas…A ti, a tu hermana, al amor que voló, al que llego al poco tiempo. Tantas aventuras en tan poco tiempo me convirtieron en Santo. Seguiré viviendo esta corta y efímera existencia de manera solitaria pero pensando siempre en los amores del pasado, que a decir verdad, es por ellos que existo.

 

 

 

 

 

Libertad.

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Graffiti tomado por alguna callecita de Buenos Aires.

 

¿Cuánto cuesta tu tiempo de vida? ¿Cuánto estarías dispuesto a que te paguen por tu trabajo?
Porque si me pongo a hacer calculo mi tiempo de vida vale más que cualquier sueldo mundano; si así de sencillo. ¿Qué hay más importante en esta vida que el tiempo? Cada vez más la gente vive esclava del trabajo, creyendo que es la única opción para sobrevivir en esta realidad. ¡Pobres conciencias, despierten!

Recuerden que la vida es eso que hacen cuando salen del trabajo, ¿o acaso su vida es tan aburrida que cuando salen del trabajo duermen? ¡Vivan que la vida es alegría, felicidad y música! Hay gente que vive tan aburrida que hace horas extra, y peor hay gente que aún no sabe qué hacer con su vida. El tiempo para la familia, el arte, el ocio es lo más importante. No hay dinero que pueda pagar mi libertad. ¿Con cuantas cosas intentaran seducirme? ¿Con que lujos podrán comprar mi tiempo? ¡Si lo que más quiero en esta vida es mi libertad! Pobres seres, sigan acumulando riquezas que cuando el tiempo nos hermane en el corral de los quietos verán, solo allí, quien tuvo una vida más rica. Tal vez no llegue con un estomago prominente, pero llegare lleno de recuerdos y dejare en mi paso miles de vivencias y creaciones. Porque la vida es eso que pasa mientras se está haciendo otros planes (creo que es frase de Woody Allen). Hagan lo que les gusta y recuerden que ser feliz es lo que importa. Cada día veo más jóvenes esclavos de las corporaciones, cada vez menos jóvenes apasionados por la lectura, por la música, por el arte. Cada vez más presos de la rutina, de la vida gris, de las falsas amistades, presos del consumismo, de las modas, de las obligaciones. El verdadero crecimiento personal es cultural. Tener más objetos personales llenara tus alrededores, pero no te llenara el espíritu.

Aun no vivo de la escritura, pero sé que alguien me dará la posibilidad de ello, mientras tanto existo.

¡Sean felices!

Recomiendo: https://www.youtube.com/watch?v=HizrkIsNuUQ
Síganme los buenos!

Buenos Aires [1]

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Cinco cincuentainueve, seis. Termino el día. Guardo todas mis pertenencias, cierro el cuaderno, recojo mi cargador, mi cartuchera y mis auriculares. Me cercioro de que no olvido mi pipa ni mi tabaco. Cuento el dinero de la caja, armo los fajos de billetes ordenándolos de a mil, los de cien con los de cien, los de cincuenta con los de cincuenta, cada cual prolijamente cara con cara. Pongo una gomita a cada uno para que queden debidamente sujetos y no haya pérdida alguna, no vaya a ser cosa de que la caja no cierre correctamente. Miro por la esquina de mi oficina y llega mi compañero, alguna que otra palabra de cargada y salgo hacia la oficina de los jefes. Llegar primero tiene sus beneficios. De lo contrario tendré que esperar a que rindan los demás para poder marcharme, unos minutos son unos minutos y lo que para otros es superfluo para mí siempre fue cuestión de vida o muerte. Rindo tras dos compañeros, ficho con el dedo como ayer pero con la alegría de que el cielo hoy está despejado. Saludo al jefe -que desde el primer día, cada vez que lo miro sé que era jefe solo porque había pasado más tiempo arrodillado-, y  no se trataba de alguien muy católico que digamos. Saludo a mis compañeros con un “que descanses, o un nos vemos a la noche”. Es que cuando uno sale de trabajar a las seis de la mañana ciertas cosas cambian totalmente. Camino tranquilo en esta época del año. Como buen calculador me cerciore del horario de salida del sol. En esta época del año me espera un poco más. Sale a eso de las seis y cuarto. Lamentablemente no siempre es exacto el servicio meteorológico, lo comprobé a lo largo de los días. Pero mi tiempo vale demasiado como para enviarles alguna crítica o corrección. Camino lentamente hacia la moto, con mi bolso y el camperón característico de Aeropuertos Argentina 2000, una compañía de gente seria, bueno no en todos los casos. Ciertas veces también de gente incontrolable, con espíritu aventurero, crítica, inconformista, perspicaz, en fin gente fuera de lo normal. Unos metros antes de llegar a la moto oprimo el botón de la alarma, la moto me responde con un juego de luces, como invitándome a que la monte. Pongo el cebador, controlo de que el cambio este en neutro, me acomodo sobre ella y la enciendo.  Caliento el motor con unas aceleradas, porque alguna vez leí que no hay que forzar el motor cuando esta frio. A lo lejos pasa un compañero, “nos vemos mañana me grita” mientras sube gustoso a su auto recién comprado tras cinco años de religiosos pagos. Porque cuando la inflación corre más rápido que una liebre es bastante complicado poder ahorrar un peso y comprar un auto, si a eso le sumamos que hay restricciones a la compra de monedas extranjeras. En fin, situación económica más que complicada la que esta acostumbrada a vivir Argentina. Pienso esto mientras bajo la palanca del cebador. La moto esta lista, acomodo mi bolso en la parte trasera y salgo esquivando la barrera del estacionamiento. De más esta decir que no pago estacionamiento, teniendo en cuenta que es mi lugar de trabajo. A lo lejos escucho un avión que va a despegar, lo reconozco por el ruido ensordecedor característico de las turbinas.  Llego tras tres semáforos al lugar de siempre, a donde tomo mis preciosas fotos, con sueño, porque he estado toda la noche trabajando, pero con ganas de ver eso que tal vez muchos ignoran. Otro amanecer más, con la belleza única e irrepetible. Armo mi cigarro y me siendo en el borde del río a contemplar el horizonte y a perderme una vez más, en mi soledad, en el mar de pensamientos que día a día baña las costas de mi pensamiento. Así un día más en mi pequeño mundo, saco del bolsillo una pluma y en una pequeña agenda anoto lo que pueda rescatar de mi naufragio de ideas. Tal vez mis pequeñas experiencias vitales sirvan para encorajar a otros o tal vez sean tan solo cantos de un alma errante. El tiempo me dirá si estoy en lo correcto.

Juguemos un juego…

-Juguemos un juego:

Adivina cual es mi casa,

Solo así te dejaré entrar.

Aquí está la llave.

-Bueno, déjame ver.

Para mí tu casa es aquella

De la cuadra la más bella

Dos pisos para repartir el amor

Rejas verdes y malvones

Para recibirte con flores

Y una puerta verde

Donde probaré mi suerte.

-Intentemos.

-Veremos, déjame probar…

-Al parecer tuve suerte, vamos subamos.