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Yo no soy la libertad pero si el que la provoca…

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A mi Buenos Aires…

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Córdoba sentido Microcentro

Buenos aires de mi corazón que desde la distancia te extraño no sabes cuánto te anhelo. Ansío caminar por tus noches cálidas, solo o de la mano de algún amor, ir al Konex y volverme loco con la bomba del tiempo, empuñar la paleta para aceptar algún desafío o simplemente disfrutar tus días calurosos donde la gente se pasea como por el paraíso. Tus noches llenas de luces, tus caminitos empedrados, tu jardín botánico, tu río de la plata esperando que aparezca allí con alguna improvisada cita. Mi moto ya no rueda esquivando el caos de tu tráfico, extraño hasta los embotellamientos, los zigzags en avenida Córdoba, tomar Santa Fe para llegar por Montevideo hasta Moreno. Cuantas veces abre hecho ese camino. Te pienso en silencio, mientras rememoro las fotos que tome por allí. Me quejo como todo argentino, pero amo tu caos, tu falta de organización, tu impunidad, tu libertad y tu habilidad para hacerme sentir que en tus calles tengo todo lo que necesito. Aquí en la distancia sé que es momentáneo (pero Europa también me extraña), ya acomodaré mi situación, ya seré libre de ataduras. Lamentablemente nací sin muchos bienes materiales, lo que se podría traducir en falta de libertad, de movilidad. Vamos que tengo que vender mi fuerza de trabajo para poder obtener dinero. Pero aún me queda alguna que otra carta para tratar de ganarme la vida, mi imaginación y mi amor por el arte. Las posibilidades están aquí solo tengo que encontrarlas. En breve tendré una guitarra para rellenar el vacío que dejo la anterior. Que mi memoria se nutra de nuevas experiencias, que crezca nuevamente entre penas y alegrías y cuando el corazón se recomponga volveré a tus callecitas, a tu arrabal, a pasear sin preocupaciones, sin soportar prejuicios de apariencias. La verdadera libertad pasa por la conciencia. A mi Buenos Aires querido volveré, espérame.

Mi teclado llora penas de soledades
entre la histeria de un presente efimero
y un constante extrañarte
sueño en vano vanidades.
Cuando el corazón vaya primero
volveré con pasión a cuidarte.

 

rimas aleatorias
para una ciudad de gloria
de amores pasados
presentes y futuros
la rima es cosa mía
esta al cuidado
de un corazón despistado

Más ojos [2]

 

Me gustaba su mirada porque siempre pedía más ojos. Su expresión era clara marca de que sabía lo que hacía, su constante interacción en la facultad de artes dramáticas con otros alumnos dejaba ver que la interacción solo puede tener efectos positivos en el ser humano. Sus expresiones faciales me demostraban que sabía muy poco acerca de emociones humanas, o quizás que comprendía vagamente como se expresaban cada una de ellas en un rostro femenino. Tanta anatomía fría, tantos orbiculares, tantos depresores y cigomáticos me habían hecho olvidar que solo tienen sentido cuando se usan para expresar emociones, y si vienen de la mano de una joven, bella, y carismática niña de artes dramáticas mucho mejor.  Su actitud frente a la vida fue lo que me enamoro, descuidada frente a convenciones sociales, solía saltar los molinetes del subte sin la mayor preocupación, incluso cuando la gente la observaba, fingir una sonrisa al colectivero para comprar con una bello semblante su ticket de viaje y demostrar así que todas las reglas se pueden romper y que solo depende de la situación. El presente se construía a cada paso con ella, fiel a las líneas del socialismo me enseñó a comprender mejor los principios que hay detrás de esos ideales. La policía y su vida rígida, fría, conservadora, guiada por estructuras duras era lo que más le molestaba, me enseño que el ser es sensible al paso del tiempo, es moldeable, es adaptable, y que lo primero es la libertad. Los policías se encontraban exactamente en el polo opuesto a esa libertad, fiel a la orgánica del sistema, un sistema más que corrupto desde la conducción hasta la base. Claro que para comprenderla  tuve que perderla, o mejor dicho tuvimos que perdernos, porque solo así pude comprender que dos seres se tienen mutuamente pero en libertad. Su recuerdo lejos de lastimarme me alegra la existencia motivo por el cual la rememoro constantemente en mis textos.  Desde aquí mis respetos y agradecimiento por todo lo enseñado.

 

Buenos Aires [1]

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Cinco cincuentainueve, seis. Termino el día. Guardo todas mis pertenencias, cierro el cuaderno, recojo mi cargador, mi cartuchera y mis auriculares. Me cercioro de que no olvido mi pipa ni mi tabaco. Cuento el dinero de la caja, armo los fajos de billetes ordenándolos de a mil, los de cien con los de cien, los de cincuenta con los de cincuenta, cada cual prolijamente cara con cara. Pongo una gomita a cada uno para que queden debidamente sujetos y no haya pérdida alguna, no vaya a ser cosa de que la caja no cierre correctamente. Miro por la esquina de mi oficina y llega mi compañero, alguna que otra palabra de cargada y salgo hacia la oficina de los jefes. Llegar primero tiene sus beneficios. De lo contrario tendré que esperar a que rindan los demás para poder marcharme, unos minutos son unos minutos y lo que para otros es superfluo para mí siempre fue cuestión de vida o muerte. Rindo tras dos compañeros, ficho con el dedo como ayer pero con la alegría de que el cielo hoy está despejado. Saludo al jefe -que desde el primer día, cada vez que lo miro sé que era jefe solo porque había pasado más tiempo arrodillado-, y  no se trataba de alguien muy católico que digamos. Saludo a mis compañeros con un “que descanses, o un nos vemos a la noche”. Es que cuando uno sale de trabajar a las seis de la mañana ciertas cosas cambian totalmente. Camino tranquilo en esta época del año. Como buen calculador me cerciore del horario de salida del sol. En esta época del año me espera un poco más. Sale a eso de las seis y cuarto. Lamentablemente no siempre es exacto el servicio meteorológico, lo comprobé a lo largo de los días. Pero mi tiempo vale demasiado como para enviarles alguna crítica o corrección. Camino lentamente hacia la moto, con mi bolso y el camperón característico de Aeropuertos Argentina 2000, una compañía de gente seria, bueno no en todos los casos. Ciertas veces también de gente incontrolable, con espíritu aventurero, crítica, inconformista, perspicaz, en fin gente fuera de lo normal. Unos metros antes de llegar a la moto oprimo el botón de la alarma, la moto me responde con un juego de luces, como invitándome a que la monte. Pongo el cebador, controlo de que el cambio este en neutro, me acomodo sobre ella y la enciendo.  Caliento el motor con unas aceleradas, porque alguna vez leí que no hay que forzar el motor cuando esta frio. A lo lejos pasa un compañero, “nos vemos mañana me grita” mientras sube gustoso a su auto recién comprado tras cinco años de religiosos pagos. Porque cuando la inflación corre más rápido que una liebre es bastante complicado poder ahorrar un peso y comprar un auto, si a eso le sumamos que hay restricciones a la compra de monedas extranjeras. En fin, situación económica más que complicada la que esta acostumbrada a vivir Argentina. Pienso esto mientras bajo la palanca del cebador. La moto esta lista, acomodo mi bolso en la parte trasera y salgo esquivando la barrera del estacionamiento. De más esta decir que no pago estacionamiento, teniendo en cuenta que es mi lugar de trabajo. A lo lejos escucho un avión que va a despegar, lo reconozco por el ruido ensordecedor característico de las turbinas.  Llego tras tres semáforos al lugar de siempre, a donde tomo mis preciosas fotos, con sueño, porque he estado toda la noche trabajando, pero con ganas de ver eso que tal vez muchos ignoran. Otro amanecer más, con la belleza única e irrepetible. Armo mi cigarro y me siendo en el borde del río a contemplar el horizonte y a perderme una vez más, en mi soledad, en el mar de pensamientos que día a día baña las costas de mi pensamiento. Así un día más en mi pequeño mundo, saco del bolsillo una pluma y en una pequeña agenda anoto lo que pueda rescatar de mi naufragio de ideas. Tal vez mis pequeñas experiencias vitales sirvan para encorajar a otros o tal vez sean tan solo cantos de un alma errante. El tiempo me dirá si estoy en lo correcto.

Oíd Mortales…

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Aún recuerdo que cuando tome esta fotografía me dirigía a encontrarme con amigos y jugar a la Pelota Paleta, ese deporte tan argentino que poca gente conoce, quizas porque se trata de un deporte del interior como se diría allá. La cuestion es que me gusto la vista y quien sabe, ahí quedo el momento inmortalizado. Porque hoy que transito estas crisis existenciales me doy cuenta que todo lo material es efímero, se rompe, se descompone, se evapora y desaparece. Bueno todo menos lo que hayamos salvado en internet. Al menos mientras duren en los servidores, que vaya a saber uno donde estan, pero espero que bien protegidos. La foto es el Congreso de la República Argentina, un lugar al que nunca entre pero por el cual pase muchas veces. Ya sea desde mis inicios como estudiante de Medicina donde tras tomar dos trenes, tomaba el bondí 12 que pasaba por allí, o las muchas de las manifestaciones a las que asistí que frecuentemente tenían como destino u origen ese lugar donde se supone que salen las leyes para que la sociedad se regule y puedan vivir todos de la mejor manera posible. Aún no comprendo muy bien que sucede en la mentalidad de los argentinos, ¿Porqué esa codicia?, esa ambición por querer siempre más. Ese afan por violar las normas, por salirse de lo establecido. Voy a reconocer que tras cinco años allí, supe ser uno mas de ellos lo que implica aprender a escapar de los moldes. Más alla de ello, también me pregunto como funciona ese sistema y cuan democratico es y si realmente es tan representativo como para legislar a favor del pueblo. Porque no hay duda que legislan, pero para quienes aun no me queda bien claro. Como dijo mi amigo Jose hernandez, Soy la liebre o soy el galgo a segun los tiempos cambian, pero tambien los que mandan deberÍan cuidarnos algo. No voy a hablar del poder de los medios sobre los sujetos porque es un tema más que conocido, pero un candidato que llega al poder a base de campañas mediaticas y manipulación solo puede desatar el mal que todos estan viviendo en Argentina. La felicidad del pueblo se nota en las calles y yo lo note. Note ese cambio, y aunque la televisión diga que es verde, era cada vez más rojo. Note como tras una marcha a favor del orgullo gay, los policias formaban filas para reprimir a unos cuantos manifestantes que aun permanecian en la zona. El motivo siempre es una mera excusa. Los horrores del poder son tantos y tantos que por ellos canto, diría mi amigo Daniel Viglietti a quien recientemente se lo ha llevado el destino dejando esta existencia, que en paz descanses Daniel. No se que me deparará el destino, tampoco se si soy de aquí o soy de allá, pero tengo algo en claro, y es que quiero ser feliz y que ese sea mi color de identidad. Alguien que le comente a los parlamentarios que viven encerrados en sus mansiones, a kilometros de las ciudades, que el pueblo algun día se puede organizar y cansarse de sus juegos y de soportar sus prepotencias de poder. Aun así yo busque mi propio camino. Vine a estas tierras a ordenar mis ideas y a recomponer un corazón dividido. Un saludo a los argentinos que pese a todo siguen poniendo la otra cara de la mejilla.