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Recopilación Poética.

Amor en Paris

Vengar con la palabra es una de las cosas que más me gustan en la vida. Para empezar porque cuando uno quiere cumplir sus sueños tiene que derribar alguna que otra barrera. Esta vez estoy en la Gare de Lion en Paris. Lamentablemente no tenía dinero para el taxi por lo que el taxista se enojó y después de algún que otro empujón le tuve que dar mis Parrot Sik en parte de pago. La culpa fue mía. Nunca hay que dormirse en el tren. Porque cualquiera te hace una cama como se diría en Argentina. Sigo pensando en aquella hermosa chica que me encontré al subir al tren en Bordeaux y que volví a ver al bajar del mismo en Paris. Reconozco que al bajar no sabía ni donde estaba. Entre la preocupación de viajar sin billete y las ganas de llegar a no sé dónde se me olvido que viajaba a 320 con el tren de alta velocidad de SNCF que aún no determine si es una empresa estatal o privada. Ame a esa chica. Ame su caminar, su viajar, y su manera de…bueno a decir verdad no sé qué me gustó tanto, una linda rubia con unos ojos preciosos que me tiro onda como se diría en Argentina. Fue instantáneo. ¿Pero qué paso ahí? ¿Cómo fue que conectamos? Para empezar, yo esperaba el tren en Bordeuax y ella se dirigía en sentido contrario. Me detuve. La mire. Me miro. Me di media vuelta y la seguí. La adelante por la derecha y me subí al TGV sin Billete de tren. Quede flechado en Paris. Me enamoré de esa viajera con la cual me sentí tan identificado. Ame a esa muchacha y pase todo el día caminando por Paris en busca de ese andar y esa mirada. Pero lamentablemente no pude dar con ella. Cada lugar estaba apagado sin su presencia. Espero que esta vez la reencuentre así puedo dejar de vivir en mi pasado. Basta de recordar los amores de otras tierras. Le comenté que iría a Marsella a ver a Chico Trujillo y ella me dijo que iría al Norte. ¿Que será del devenir inmediato? ¿Abra posibilidad de que sea cierto? ¿Que nos reencuentre la música? Al bajar en Paris la seguí. Me vio de reojo. Se tocó la nariz señal de que quería que le mienta. Que encuentre una excusa para hablarle. La seguí como nunca lo hago. Mi ego crece y crece hace tiempo y es raro que haga eso. Bajo al subte. Baje tras ella. Le mentí. Le pregunte que donde estábamos. O mejor dicho le dije la verdad. No sabía dónde me encontraba y a decir verdad a este ritmo tampoco lo determine mucho. ¿Fue amor o son cosas mías? ¿La volveré a encontrar?

Escribo porque siento y siento lo que escribo. Le hable me dijo que se iba a tomar el subte. La mire la invite a tomar unos mates. Pero para mí desgracia no tenía agua caliente. De todas formas, no comprendió creo que significaba eso de los mates. Aun no se ni su nombre. Pero nos rozamos los codos. De alguna manera conectamos nuestras pieles con un leve rose. Suficiente para que quede grabado en la memoria. ¿Oh rubia preciosa te encontrare en Marsella a pesar de no tener ni cómo ir? O te tendré que esperar mendigando en Paris. Algunas gotas de tu amor me vendrían bastante bien después de tanto y tanto esperar y viajar a la deriva y sin timón.

Quizás el destino nos de alguna respuesta, al menos de este lado de la pantalla que es desde donde te pienso.

Y cantaban las piedras – Poesía (del libro ”El canto del viento”)

Y cantaban las piedras en el río
mientras mi corazón buscaba en vano
las palabras exactas en la tarde.
El Cerro Colorado soltó sus aguiluchos
y se quedó en silencio como un nido vacío.
El agua tiene pájaros; yo siento sus gorjeos,
El agua tiene penas, insomnios y delirios.
El agua es la conseja del abuelo
que midió el mundo con su paso firme
hasta encontrar la arena,
y envejecer tranquilo.
Y cantaban las piedras en el río.
En el arpa dorada de la tarde
guardé mi copla de guijarro antiguo.
Vino la noche al fin,
distinta en cada uno, para el caballo,
para el aire, la piedra y el camino.
Yo construyo la noche dentro mío.
Corro de estrella a estrella y las enciendo
Bebo en copa de ocaso los sueños y mi vida.
Mía es la noche azul y su misterio.
Veo como retornan los pájaros al monte.
Yo custodié sus nidos.
Los pastores ya bajan la montaña.
Los pastores construyen en la sierra su silbo.
Ya olvidé la belleza de la tarde.
Triunfó la noche azul sobre mis ojos.
La noche me salió como una estatua.
Para hacer su hermosura me salí de mí mismo.
Yo repartí en pedazos mi noche sobre el mundo.
Y me quedé esperando con la mano tendida.
Contemplando la arena, pura sombra infinita.
Yo, que hice la noche, me quedé sin mi noche.
Me quedé sin mí mismo.
Y el sueño me rondaba sin alcanzarme nunca.
Y cantaban las piedras en el río.

(Atahualpa Yupanqui)

He vuelto a la vida…

Gracias a Chico Trujillo desde aquella hermosa ciudad donde el agua brilla y las morenas son lindas (aunque también hay rubias hermosa) desde allí volví a la vida. Recorrí mas de 600 km en dos días haciendo dedo desde medina de Pomar. Demostré al mundo que se puede viajar sin dinero. El trayecto fue de Median a Trespaderne, de allí a Oña, de allí a Logroño y así llegar a Zaragoza. Luego desde la terminal continuar rumbo a Barcelona donde conocí la ciudad y pude encontrar el bendito lugar donde tocaba la banda que tanto tiempo me acompaño en mis viajes. Por suerte a pesar de no tener dinero alguien me regalo una entrada. Hoy estoy yendo a Marsella para tratar de presentarme nuevamente en la entrada del espectáculo pero esta vez con un ordenador en mis espaldas que me hará la vida un poco mas ligera.

 

Desde este puerto que salia a la vida te pido paciencia coraje y un adiós…

Dedicado a mi amor viajero…

Ficciones De viajes.

Conocía a la muchacha tan solo de leves charlas en el hall de la facultad. Esa tarde algo diferente había ocurrido. La había visto llorar. Su ser se sintió profundamente conmovido a pesar de no tener ninguna relación con aquella persona. Tras terminar de cursar espero el colectivo como todos los miércoles. Sabia que ella viajaría en el mismo, pero respetaba su intimidad por lo que no iniciaría ningún tipo de conversación. Dudo un par de veces si era prudente acercarse a dialogar o si sería mejor no tomar cartas en el asunto. Subieron al colectivo y la casualidad hizo que ella se sentara junto a él. Admiraba su fina belleza, sus rasgos armónicos, sus delicados modales. Su ser sentía la necesidad de hablarle. Pero no deseaba caer en esas conversaciones estúpidas en las cuales se recae cuando no se sabe de qué hablar, por ello evito iniciar el dialogo. Los paisajes se sucedían unos a otros hasta que por fin iniciaron la conversación. Ella comenzó con un pretexto ligado a las asignaturas de la facultad, el comprendió el sentido de aquello y continuo el juego.  Comprendió con el correr de las palabras que detrás de aquel rostro bonito se escondían los traumas más grandes, los pesares jamás revelados, los peores miedos. Su voz denotaba dulzura, pero no esa dulzura fingida sino más bien un modo liviano de pasar por esta existencia, como si la realidad fuera demasiado dura, demasiado estructurada. Ella flotaba entre las personas, surcaba el aire en calidad angelical, nada podía lastimarla, tan solo aquellos fantasmas que se presentaban de vez en cuando recordándole aquel accidente. Noto todo ello por el tono de voz y por la profunda mirada. Claro que ella solo veía en él un oído curioso.