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Universidad del País Vasco [Ingreso]

Los segundos se agotan momento a momento. El pasado parece tan lejano y sin embargo el café que tome hace unos minutos todavía lo siento en el paladar. Y en el aire. Todo se volvió efímero. Junto a mi todos los cuadernos y los libros para el ingreso a la universidad. Siento que perdí nuevamente mi libertad. ¿Sera mi castigo por no poseer libertad financiera? Si tan solo encontrara la brecha a este sistema que me oprime cada día mas. No será porque no lo intente. Mi espalda está destrozada por descargar bolsas de harina de cincuenta kilos, lo mismo que mi cervical. A veces quisiera agarrar ese reloj y gritarle que se detenga, que deje de girar. Pero él está ahí. Fijo en la pared. Constante en su movimiento. Hoy una vez más me cuestiono el porqué de todo. Vuelvo a chocarme con las integrales y las derivadas. Una vez más en mi vida. Con que sentido me pregunto. Si hace un par de años sabia todas las formulas, aplicada a la gran mayoría de los casos que se le suelen dar a un estudiante. Si hoy, tras cinco años de vida, donde además de ingresar a la carrera de medicina, y de cursar dos años, tuve el placer de cursar asignaturas mucho más difíciles que unas simples formulas sin sentido aparente. ¿No es acaso una pérdida de tiempo? No me parece necesario para una prueba de acceso a una carrera de sociología. En vez de ello deberían preguntar qué opinión se tiene sobre la situación de tal o cual país. Sinceramente creo que esta prueba de acceso a la universidad del País Vasco me dejara afuera. No porque no pueda prepararme sino porque prefiero invertir mi tiempo en seguir profundizando mis conocimientos en cuestiones más relevantes. ¿Acaso un comentario de texto sobre una noticia cualquiera puede ser un filtro para mi ingreso? ¿Un comentario sobre qué asunto? En vez de ello enviare este texto a la universidad, quiero que se me juzgue por mi madurez y no por unas pruebas estándar que a mi entender y a diferencia de lo que dicen son muy poco específicas. En vez de ello podrían sugerir que sin un alumno pretende entrar a sociología lea tres o cuatro libros de índole social y prepare algún trabajo o un determinado análisis. Yo por mi parte prefiero leer a Pier Bourdieu y realizar un análisis sobre la televisión. Sobre el lenguaje que utiliza diariamente, sobre como manipula las conciencias, sobre cuáles son las estructuras que subyacen a los informativos, y como son capaces de generar odio a través de la información que difunden. Basta escuchar un telediario para comprobar a que me refiero. El trato hacia los extranjeros, la discriminación hacia los jóvenes, las violaciones, los robos, los accidentes, todos son presagios negativos y manipuladores. El futbol como deporte de consumo y generador de modas. Los programas de citas, generadores de patrones de conducta, la cosificación de la mujer, la idiotización del ser humano como canon moderno. Creo que un estudiante debería ser filtrado por algo más que las derivadas y las integrales.

El crecimiento humano se mide no solo por los bienes que se posee sino por el valor que este le otorga a la cultura. Por mi parte soy procedente de España, nacido en Bilbao en 1992 pero habite en tierras argentinas hasta los quince años. A mis quince años cambié de horizonte y fui a conocer y adaptarme a otra cultura totalmente diferente, la rumana. Tras un año en aquellas tierras pude aprender el idioma y sus costumbres, comunicar con mis familiares, contarles las diferencias entre Argentina y Rumania y hasta hacer amigos extra familiares. A mi dieciséis partimos hacia España. Otra vez el mismo procedimiento. EL mismo cambio cultural, pero con un punto a mi favor, el idioma. De nuevo la adaptación al cambio, tolerar la discriminación inicial, primero por ser de un país de Europa del Este y luego por las costumbres, las diferencias lingüísticas, la diferencia económica y obviamente la cultural. Con el tiempo pudimos adaptarnos con todo lo que ello implica. Me rodee de amigos españoles, hice propias sus tradiciones, me amolde a sus normas y me empape de su burocracia. A mis veinte años cansado de la rutina y de las pocas posibilidades que me ofrecía en cuanto a libertad de estudios. Porque he de admitir en estas líneas que el sistema español para acceso a la universidad me parece totalmente inservible. A mi entender, desde la comparación con una de las universidades publicas más prestigiosas de Latinoamérica, me refiero a la Universidad de Buenos Aires, el sistema español deja mucho que desear. Desde lo micro (no tengo las herramientas ni los conocimientos para hablar en macro), muchos compañeros terminan estudiando carreras de grado que no deseaban.

Yo por mi parte como sujeto libre a mis veinte años y tras no poder acceder a la carrera de Medicina en estas tierras, intente el ingreso en la Universidad de Buenos Aires, donde el filtro son asignaturas relacionadas con la misma carrera. Hoy me encuentro en España nuevamente tras cinco años en Argentina, donde no solo estudié dos años de medicina, sino que pude comprender un poco más la realidad.

Comprender la importancia de los movimientos sociales, el tratamiento que se les otorga desde el poder mediático, las corrientes sociales, los partidos políticos y su desarrollo. Comprendí también la diferencia entre una economía más proteccionista y una economía más liberal. Y pude comprenderlo al ver en carne propia como afectaba a las pequeñas y medianas empresas. Puede que no pase las pruebas de acceso a vuestra universidad, pero les comento que los conocimientos que poseo van mucho más allá de un comentario de texto a una prueba inglés.

Por ejemplo, puedo comentar que comprendo la inmigración desde otro punto de vista. Desde el cual, como habitante ocasional de esas tierras (hago referencia a Rumania), a las cuales tuve el placer de volver a visitar este año y pude comprobar como cambio el comercio con la amplia apertura de Rumania a los mercados del mundo. Que sucede a pie de calle no es difícil de comprender, al menos para mí. Cientos de miles de cadenas de hipermercados se han instalado en el país, dejando sin trabajo a pequeñas y medianos comerciantes cuyo sustento diario era su negocio. Las implantaciones sin límites de estas megaempresas internacionales son causantes del empobrecimiento general de la población que tiene que buscar nuevas alternativas para su subsistencia. El boom de las casas de apuestas deportivas, donde ciento de rumanos viven sin trabajar, a costa del dinero de otros cientos que esperan abandonar su condición de empleados con un golpe de suerte. La sociedad de consumo de la cual habla jean Baudrillard se ve claramente en aquel país. La radicación de grandes firmas internacionales dedicadas al servicio que ven en la deslocalización una posibilidad de crecimiento y encuentran en aquellas tierras mano de obra barata. Cientos de miles de jóvenes rumanos caen presos de las multinacionales, con sueldos paupérrimos y jornadas de trabajo extenuantes. Sin duda alguna merece un análisis mucho más detallado y en profundidad.

Por su parte hoy me encuentro en España. Sociedad que me acogió en mis primeros años de adolescencia y a la cual vuelvo hoy tras cinco años en el extranjero. Veo la misma cultura alcohólica, jóvenes que entran al consumo de alcohol desde temprana edad, veo un sistema educativo demasiado exigente que termina actuando como filtro en el acceso a la universidad. Veo también una falta total de discusión política. Y la poca que veo es basada en los medios de comunicación. Veo una copia de una copia de otra copia. Y podría seguir pero tengo que estudiar las benditas derivadas e integrales.

Sophie Tucker – Some of These Days (1926)

Canción que es nombrada en “La Nausea” de Jean Paul Sartre. Supongo que en algún momento de su existencia la escucho. Como lo hago yo y como lo haces tu. Porque nosotros pereceremos, pero el arte sobrevivirá. Al menos eso cree el Mihai del presente.

Saludos lectores…

 

 

Aquí un fragmento:

Pienso en un americano afeitado, de espesas cejas negras, que se ahoga
de calor en el piso veinte de un inmueble de Nueva York. Encima de Nueva
York, el azul del cielo se ha inflamado; enormes llamas amarillas vienen a lamer
los techos; los chicos de Brooklyn se ponen, en pantalones de baño, bajo las
mangueras. El cuarto oscuro, en el piso veinte, se cocina a fuego vivo. El
americano de las cejas negras suspira, jadea y el sudor le corre por las mejillas.
Está sentado, en mangas de camisa, delante del piano; tiene un gusto a humo en
la boca, y vagamente, vagamente, el fantasma de una melodía en la cabeza,
“Some of these days”. Tom vendrá dentro de una hora con su frasco chato sobre
la nalga; entonces se desplomarán los dos en los sillones de cuero y beberán
grandes vasos de alcohol y el fuego del cielo inflamará sus gargantas, sentirán el
peso de un inmenso sueño tórrido. Pero primero hay que anotar esta melodía.
“Some of these days”. La mano húmeda toma un lápiz sobre el piano. “Some of
these days you’ll miss me honey”.
Sucedió así. Así o de otro modo, poco importa. Así nació. Escogió para nacer
el cuerpo gastado de ese judío de cejas como carbón. Sujetaba blandamente el
lápiz y gotas de sudor caían de sus dedos enjoyados al papel. ¿Y por qué no yo?
¿Por qué se necesitaba precisamente ese gordo estúpido lleno de cerveza sucia y
de alcohol para que se cumpliera el milagro?
—Madeleine, ¿quiere poner de nuevo el disco? Una vez más, antes de que me
vaya.
Madeleine se echa a reír. Hace girar la manivela y la cosa empieza de nuevo.
Pero ya no pienso en mí. Pienso en aquel tipo que compuso esta melodía, un día
de julio, en el calor negro de su cuarto. Trato de pensar en él a través de la
melodía, a través de los sonidos blancos y acidulados del saxofón. Hizo esto.
Tenía dificultades, no todo le iba como Dios manda: cuentas que pagar —y
además debía de haber por ahí alguna mujer que no pensaba en él como lo
hubiera deseado—, y además había esa terrible ola de calor que transformaba a
148 Jean Paul Sartre
La Náusea
los hombres en charcos de grasa derretida. Todo aquello no tenía nada de muy
lindo ni de muy glorioso. Pero cuando oigo la canción y pienso que la hizo aquel
tipo, considero… conmovedores su sufrimiento y su transpiración. Tuvo suerte.
Por lo demás, no se habrá dado cuenta. Debió de pensar: ¡con un poco de suerte,
sacaré unos cincuenta dólares! Es la primera vez desde hace años, que un
hombre me parece conmovedor. Quisiera saber algo sobre ese tipo. Me
interesaría conocer sus dificultades, si tenía una mujer o si vivía solo. No por
humanismo; al contrario. Porque hizo todo esto. No tengo ganas de conocerlo;
además quizá haya muerto. Obtener sólo algunos informes sobre él y poder
pensar en él, de vez en cuando, al escuchar este disco Eso es. Supongo que a
aquel tipo no le haría ni fu ni fa si le dijeran que en la séptima ciudad de Francia,
en los alrededores de la estación, hay alguien que piensa en él. Pero yo sería feliz
si estuviera en su lugar; lo envidio. Tengo que irme. Me levanto, pero vacilo un
instante, quisiera oír cantar a la negra. Por última vez.
Canta. Dos que se han salvado: el judío y la negra. Salvado. Quizá hasta el fin,
se hayan creído perdidos, ahogadas en la existencia. Y sin embargo, nadie podría
pensar en mí como yo pienso en ellos, con está dulzura. Nadie, ni siquiera Anny.
Para mí son un poco como muertos, un poco como héroes de novela; se han
lavado del pecado de existir. No por completo, claro, pero tanto como puede
hacerlo un hombre. Esta idea me trastorna de golpe, porque ni siquiera la
esperaba ya. Siento que algo me roza tímidamente y no me atrevo a moverme
por temor de que se vaya. Algo que ya no conocía, una especie de alegría.
La negra canta. ¿Entonces es posible justificar la propia existencia? ¿Un
poquitito? Me siento extraordinariamente intimidado. No es que tenga mucha
esperanza. Pero soy como un tipo completamente helado que después de un
viaje por la nieve, entrara de pronto en un cuarto tibio. Pienso que se quedaría
inmóvil cerca de la puerta, frío aún, y lentos temblores recorrerían todo su
cuerpo.

¿Porque escribo?

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Porque cuando conté a aquellos que me rodeaban que la chica que me gustaba me había escrito un libro me tacharon de loco. Que esas cosas no son posibles, que son delirios tuyos, que juntarte con tal o cual te hizo mal, que vos tener que hacer esto o aquello. Miren ustedes incrédulos. Miren como el ser se expresa en palabras y hoy más que nunca creo que aquella persona tan especial escribió aquel libro para contar nuestra historia y para hacérmela saber. Por eso estoy en guerra con mi pasado y lo seguiré estando hasta que me muera. No me interesa lo que piensen de mí. No voy a pedir perdón a nadie por obrar como lo hice. El ser humano es libre por naturaleza.  Si obre como lo hice fue porque en ese momento lo creí y lo creo acertado. ¿Dónde se vio el dar órdenes a la libertad? Yo nací sin amos. Si para ustedes abandonar un trabajo y una carrera que me torturaba, ademas de cambiar de tierras, significa que estoy perdido en mi existencia son ustedes los equivocados no yo. ¿Dónde dice que el ser tiene que arraigarse si o si en un determinado lugar? Vaya patrañas. Solo las almas mediocres tienen miedo al cambio y aguantan un pésimo trabajo y una pésima vida. Los espíritus elevados no tenemos miedo a nada, ni siquiera a la muerte. La vida merece ser vivida con coraje. Aquellos que se acostumbran a agachar la cabeza son almas esclavas y sumisas. ¡Viva la libertad! Basta de ser falsos, basta de juzgar a los demás con prejuicios. Basta de moralismos. Estoy cansado de todo eso. Ya no salgo de fiesta. No me interesa el mundo que me rodea. No tengo mi motocicleta. No tengo mi registro. No tengo mi verdadera identidad. Ni mi armónica, ni mi biblioteca, ni mi antigua guitarra que tanto me costó comprar. No tengo mi carpa, ni mis abrigos tan queridos. No tengo mis sueños. Soy un alma encerrada en un cuerpo que hace tiempo murió. Hoy vivo la vida, pero muerto. ¿Qué estimulo podrá despertar mi interés por la vida nuevamente?

Sábado 04:04 04/02/2018 Hora Española.

Jean-Paul Sartre

—¡Ah, señor! Qué suerte la suya. Si es cierto lo que dicen, los viajes son la
mejor escuela. ¿Opina usted lo mismo, señor?
Hago un gesto vago. Afortunadamente no ha terminado.
—Ha de ser una conmoción tan grande. Me parece que si alguna vez tuviera
que hacer un viaje, antes de partir consignaría por escrito los menores rasgos de
mi carácter, para poder comparar, a la vuelta, lo que era y lo que he llegado a ser.
He leído que algunos viajeros habían cambiado tanto, en lo físico y en lo moral,
que a su regreso los parientes más cercanos no los reconocían.

[Fragmento La Náusea]