Archivo de la categoría: Ficciones

Canto al fuoco

Llamita llamita quema todo lo que me mata. Quema el recuerdo de vidas pasadas, de aventuras en cálidas noches de verano, de atardeceres de fiesta, de amaneceres de libertad. Quema el naufragio de tantos recuerdos. Déjame cuerdo al menos por un instante. Quema mi obsesión por la transparencia, mi sinceridad ante el olvido, mi ingenuidad ante la muerte. Quema un corazón vagabundo, quema mi lugar en el mundo. Déjame el oxígeno que renace tras una lluvia pasajera. Déjame el olor a polvo, a asfalto fresco. Incendia con vehemencia los recuerdos que lastiman, pero no quemes mi libertad. No intenses prender fuego a mis alegrías, a mis soledades. Llamita que en las madrugadas ardes, y entre vías paralelas esperas que la pava del mate se arrime a tu calor. No quemes mis recuerdos compartidos, los pinares junto al río. No malgastes energía en truncar mi alegría, pues esta pirámide tiene una base sólida. No encontraras en su interior tesoros faraónicos, aunque puede que alguna momia sepultada entre tanta indiferencia. Busca con paciencia calentar el aire que nos permita un sueño profundo, pero no nos quites demasiado, de lo contrario moriremos en el más profundo silencio de la noche, entre los cantos de los grillos.

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Hay que serse sincero en esta vida de lo contrario el alma inclinaría su rodilla ante las injusticias. Sigo pensando en esos ojos que conocí en Paris. Quizás aun estén dando vueltas por aquella hermosa ciudad. No recuerdo su nombre. No sé si me lo dijo, ni recuerdo habérselo dicho. Suele sucederme ese tipo de cosas. Camine todo el día por Paris con la música como compañera buscándola y buscándome. Deteniéndome cada cierto tiempo a descansar y reponer energías. Quizás nos encontremos en el recital de Chico Trujillo (Si es que logro llegar a el) no como ayer que tras encontrar a la banda en la estación de trenes de Marsella no me anime a hablarle. O quizás el ego era tan grande que me gano la partida. Creo que, en el último reflejo del ojo, justo cuando recogía mis pertenencias para abandonar la estación lo vi. Estaba el Macha. Mi relación con la banda se remonta a Carmen de Areco en un asado en el cual se escuchaba este tipo de música de fondo. He de reconocer que la música latinoamericana siempre llamo mi atención. Aun no sé porque me sucede lo que me sucede, pero uno debe caminar en la vida hasta encontrar el amor. Premisa principal en mi existencia. Cualquier lugar es un buen lugar si uno esta con la persona que ama. Pero no hay que mentirse. Aún recuerdo sus ojos. Bella estudiante de Artes Dramáticas que siempre me exigía mas ojos. Como puede ser que en un mes de relación hayamos conectado tanto. No en vano le escribí hartos poemas. Aun creo que nos debemos, va no es deuda, creo que más bien un deseo de volver a encontrarla pero de manera casual en la existencia y ver que ha sido de su vida. El tiempo pasa y no para y poco a poco nos volvemos viejos. Como la flor que se marchita y muere. Disfruta de la libertad mientras puedas, que ya vendrán tiempos mejores. Poco a poco vuelvo a salir a la luz del sol. Aun me cuesta volver a ser el de siempre. El Mihai andariego y soñador. Cada tanto me acuerdo de mi preciosa moto. No quiero mentirme en estas palabras y espero entender porque me desprendí de ella de esa manera. ¿Puse a la familia por encima de mis sueños? ¿O tal vez fue por escuchar demasiado a mi Madre? Debería repensar toda aquella cuestión. El sueño siempre está latente, aunque claro está que estoy un poco más lejos que entonces de realizarlo. Quizás fue una venganza el hecho de demostrarle a aquella chica que partió al exilio con mis besos que si estaba dispuesto a todo por llevarla a mi lado. Los sueños cumplidos de manera solitaria tienen un tinte amargo. Cuantas ciudades caminadas con el peso de mi mochila. Escuchando el silencio o la música de mis auriculares.

Calle paraguay 002

De pronto me paré asustado. Acababa de ocurrírseme que si tenía carta de mi Rubia no podía ser jamás aquella que yo me recitaba, porque ésa era una invención mía. Y desde entonces procuré desviar mi pensamiento de las palabras que me habría gustado que me escribiera, temeroso de que esas frases, que eran cabalmente las más deseadas, las más queridas de todas, se vieran excluidas del campo de las realizaciones posibles, por haberlas enunciado yo. Y si, con verosímil coincidencia, esa carta que yo había compuesto hubiera sido la que mi Rubia me escribiera, al reconocer mi propia obra, no habría tenido la impresión de recibir una cosa que no salía de mí, real, nueva, una dicha exterior a mi espíritu, independiente de mi voluntad, don verdadero del amor.