Otero Silva

Yo escuchaba chapotear en el barro
Los pies descalzos
Y presentía los rostros anochecidos de hambre.
Mi corazón fue un péndulo entre ella y la calle.
Y no sé con qué fuerza me libré de sus ojos
Me zafé de sus brazos.
Ella quedó nublando de lágrimas su angustia
Tras de la lluvia y el cristal
Pero incapaz para gritarme: ¡Espérame,
Yo me marcho contigo!

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