¿Qué estaba haciendo yo en el momento más feliz de mi vida?

Sincerarme con mis lectores es ponerme a reflexionar y analizar mi pasado hasta el dia de hoy. No puedo no reconocer que he vivido muchas aventuras, partiendo de la base de que son “aventuras” todas esas historias que tiene lugar en la vida de un individuo y que no son comunes al resto de la población. Como ejemplo puedo poner el hecho de dormir tres días en un aeropuerto, el renunciar un trabajo muy bien pago para hacer un viaje por latinoamerica; el de recorrer la provincia de Buenos Aires en moto con un amigo, conocer pueblos y pueblos de la mano de la pelota paleta, publicar un libro, recitar poemas por la calle, entrar en un bar y ponerme a tocar la guitarra o recorrer España de la playa del norte a la del sur en dos días sin mas objetivo que el ver amanecer en cada una de ellas y sacar algunas fotos. Aventuras sin sentido aparente pero que encierran el mayor de los espíritus de libertad. Libertad para sentarme una tarde en un lugar por primera vez a contemplar un atardecer, o sentarme en una autopista de un país lejano a contemplar el trafico, para hablar con un puestero de diarios en cualquier ciudad, pedir trabajo en el bar que me gusta, tomar un tren sin billete, pasarme alguna estación con el autobús (haciendome le dormido o con un guiño de ojo al conductor). Ver el trato de la gente en el día a día, viajar a la ciudad mas cosmopolita del mundo y en lugar de visitar los lugares emblemáticos, coger mi guitarra y salir a caminar por cualquier lado. Perderme en cualquier linea de colectivos con la esperanza de encontrarme. Ser poeta es comprender que el tiempo deja de ser un reloj de doce horas que nos obliga a levantarnos a las 8 para ir a trabajar y que no es universal el hecho de que si no tenes un trabajo en relación de dependencia no sos nada. Desde que renuncie a Aeropuertos Argentina 2000 no he vuelto a tenes un trabajo estable, y es que cuando uno comprende que el único asunto en la tierra mas importante que dios es que nadie escupa sangre para que otro viva mejor, se hace difícil el amoldarse a los prejuicios sociales. Soy lo que hacen conmigo. Mi ser esta compuesto por cada uno de los seres que formaron parte de mi vida alguna vez. Desde el ego de aquella chica que a las siete de la mañana me obliga a levantarme para ir a estudiar anatomía (sabiendo que lo haré porque su belleza era alucinante) hasta todos los amigos que pasaron, pasan y pasaran por mi existencia. De uno tomo su coraje al manejar, de otro su amor por solucionar todo de manera creativa, de aquel otro su afán por resistir hasta cumplir sus sueños, de tal otro su templanza para resistir las criticas y mejorar cada día. Cada uno enseña algo. El interaccionar con una persona nos trasmite mucho mas que simples palabras. Su manera de mirar, su tono de voz, su forma de vestir, la manera de tratar a los terceros, el respeto al medio ambiente, su higiene, su des-prolijidad. Todos tenemos algo que enseñar, y por supuesto, todos somos ignorantes. Volviendo a la parte que me compete en esta entrada es la que se refiere a que hacia yo en el momento mas feliz de mi vida y la respuesta según siento es viajar. Viajar sin rumbo fijo. Viajaba al norte, con el sueño de unir todas las banderas y que una goma borre todas las fronteras. Viajaba con mi moto y mi guitarra, con mis libros, mis cuadernos para escribir, mi carpa que era mi humilde pero suficiente vivienda, unas mudas de ropa, una caña de pescar que jamas utiliza, mucho abrigo y un sueño. El sueño de tocar la guitarra y mostrarle al mundo mi arte, esa imitación de la vida que es la música. Esa nota efímera que representa un sentimiento y que tras volar unos segundos se esfuma y desaparece. Esas notas son como la vida misma. Son efímeras. En aquel momento de mi existencia tenia todo o casi todo lo que se necesita para ser feliz, a decir verdad el sueño se completaba con una compañera que amara la música y el arte tanto como yo y que estuviera dispuesta a emprender ese viaje a mi lado, o yo junto a ella. Pero todos aquellos recuerdos me parecen fríos y distantes. Ya no tengo mi moto que tanto me costo comprar, ni me encuentro en el continente en el cual pretendía llevar a cabo mi aventura. Solo me quedan los sueños que guardo entre pecho y espalda, entre ilusión y corazón. Aspiro a que la vida me de revancha, porque se que la tendré, pero para ellos debo ser constante en mi lucha, no sentirme esclavo ni aun esclavo y como diría Almafuerte trémulo de pavor sentirme bravo. Estas palabras que de mi memoria escapan son recuerdos que necesitaba liberar. Como a todos esos amores con los cuales me comunico en este modesto y complejo mundo de la escritura. Escribir es ser y ser es pertenecer.

Si hoy tuviera que ponerle reinicio a mi sueño diría que solo me hace falta lo que a todo el mundo, dinero.

Como les iba diciendo, en el momento mas feliz de mi vida vivía como un artista, de la caridad del mundo.

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