Marsella

Ayer llegue a Marsella desde Paris. El objetivo era poder llegar a ver a la banda de mis amores y porque no decirlo buscar en el fondo de mis ilusiones a esa rubia que me cruce en la estación de Bordeaux al subir y en Paris al Bajar. Claro está que no siempre las cosas salen como uno las calcula, pero esta vez, aunque por diferente tuvo su lado fantástico. ¿Cómo fue que sucedió? Pues sin saber cómo continuar… sin dinero y sin comida varado en un pueblo de Francia pude subirme a un tren que me acercara a Marsella. La realidad es que viajar sin boleto tiene la única ventaja de mover el ser de este lugar hacia aquel otro, pero por lo demás es todo transferencia de conocimientos entre los que van arriba del tren. Es decir, uno aprende el oficio del guarda, el del empleado de limpieza, el del de seguridad, como el de cualquier otro empleado del tren o las estaciones. Es mucho más enriquecedor para el espíritu viajar de esta manera pues uno no solo contribuye a la mejora colectiva del servicio sino que además aporta otros puntos de vista para situaciones cotidianas que suelen ser analizadas desde una única perspectiva. Ejemplo de ello es que viajando a parís cambie el papel higiénico del baño, además limpie los papeles de mismo…

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