Me levanté, me despedí de Goethe y del profesor, agarré mis cosas del perchero y salí
corriendo. Con estrépito aullaba dentro de mi alma el lobo dañino. Una formidable
escena se desarrolló entre los dos Harrys. Pues al punto comprendí claramente que esta
hora vespertina poco reconfortante tenía para mí mucha más importancia que para el
indignado profesor; para él era un desengaño y un pequeño disgusto; pero para mí, era
un último fracaso y un echar a correr, era mi despedida del mundo burgués, moral y
erudito, era una victoria completa del lobo estepario. Y era un despedirse vencido y
huyendo, una propia declaración de quiebra, una despedida inconsolable, irreflexiva y
sin humor. Me despedí de mi mundo anterior y de mi patria, de la burguesía, la moral y
la erudición, no de otro modo que el hombre que tiene una úlcera de estómago se
despide de la carne de cerdo. Furioso, corrí a la luz de los faroles, furioso y lleno de
mortal tristeza. ¡Qué día tan sin consuelo había sido, tan vergonzante, tan siniestro,
desde la mañana hasta la noche, desde el cementerio a la escena en casa del profesor!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s