Fragmento La nausea – Jean Paul Sartre.

“De pronto perdí mi apariencia de hombre, y vieron un cangrejo que
escapaba a reculones de esa sala tan humana. Ahora el intruso desenmascarado
ha huido: la sesión continúa. Me irrita sentir en mi espalda todo ese hormigueo
de ojos y pensamientos espantados. Cruzo la calzada. La otra acera corre a lo
largo de la playa y de las casetas de baño.
Hay muchas gentes paseando a la orilla del mar, contemplando el mar con
rostros primaverales, poéticos; es por el sol, están de fiesta. Mujeres vestidas de
claro, que se han puesto la ropa de la primavera anterior, pasan largas y blancas
como guantes de cabritilla charolada; también hay muchachos altos que van al
liceo, a la escuela de comercio, viejos condecorados. No se conocen, pero se
miran con aire de connivencia porque el tiempo es tan bueno y son hombres. Les
hombres se besan sin conocerse los días de declaración de guerra; se sonríen a
cada primavera. Un sacerdote avanza a pasos lentos, leyendo su breviario. Por
momentos levanta la cabeza y mira el mar con aire aprobador: también el mar es
un breviario, habla de Dios. Colores ligeros, ligeros perfumes, almas de
primavera. “Hace buen tiempo, el mar es verde, prefiero este frío seco a la
humedad” ¡Poetas! Si tomara a uno por las solapas del abrigo, si le dijera “ven en
mi ayuda”, pensaría: “¿Qué es este cangrejo?” y huiría dejándome el abrigo entre
las manos.
Les vuelvo la espalda, me apoyo con las dos manos en la balaustrada. El
verdadero mar es frío y negro, lleno de animales; se arrastra bajo esta delgada
película verde hecha para engañar a las gentes. Los majaderos que me rodean
cayeron en el lazo; sólo ven la delgada película; ella prueba la existencia de Dios.
¡Yo veo lo que está debajo! Los barnices se derriten, los brillantes pellejitos
aterciopelados, los pellejitos de durazno del buen Dios estallan por todas partes
bajo mi mirada, se hienden y entreabren. Ahí viene el tranvía de Saint-Elémir,
giro sobre mí mismo y las cosas giran conmigo, pálidas y verdes como ostras.
Inútil, era inútil saber puesto que no quiero ir a ninguna parte.”

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