Historias…

Me gustaba escribir mis pensamientos porque en ellos reflejaba la esencia de mi ser. Así fue que tras tantos intentos frustrados de acercarme a su corazón me digne por sincerarme a través de la pluma. Le envié las primeras fotos de aquellas poesías sin recibir ninguna respuesta de su parte. De todas formas, continúe mi existencia sabiendo que era tan solo un amor platónico. Tantas horas arrojadas al vacío me causaban cierta tristeza, pero comprendí que así es la vida, no siempre se obtiene lo que se desea. Aun no sé porque lo hacía, ni tampoco sé que ganaba ella husmeando en cada intimidad mía. Pero el tiempo pasaba y la ansiedad se hacía cada vez más intensa dentro de mí. Yo como joven enamorado de aquel amor platónico no dudaba en partir hacia el pueblo cada fin de semana que se presentaba la oportunidad. Me conformaba con verla unos segundos cada fin de semana, unos leves cruces de palabras, porque a decir verdad jamás entablamos un dialogo que valga la pena recordar. Quizás la vergüenza mutua por aquella salida rechazada por parte de ella o la amistad con su hermano que complicaba aún más los encuentros.

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