Alma condenada

Hoy la música sabe a nada
y como Segismundo vivo.
Imaginando tu mirada
salvadora de mis traiciones,
curadora de mis males,
aliviadora de mis penas
y sanadora de este tormento,
que es pensarte y no verte,
ansiarte y no tenerte,
anhelarte y no olvidarte,
imaginarte y no encontrarte,
en definitiva, ser uno incompleto.
La mitad de la nada.
Cruel estacada entre pecho y mirada,
entre corazón y pasión,
entre ilusión y vergüenza,
entre lo platónico y lo onírico.
Hoy mi sueño se eleva en plegarias
esperando llegar a tu odio compasivo;
que cruze el abismo que nos separa
y que con un beso
quite de mi pecho la daga clavada,
salvando así,
a este alma condenada.

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