A la noche la hizo Dios…

 

El lugar Alpacorral, Cordoba, Argentina. Mas exactamente Union de los Rios, un pueblo ubicado en las alturas de las cierras. Yo en medio de tanta inmensidad junto a mi guitarra, mi moto, mi fogón, y mi hermoso mate compañero. Como no recordar tan hermoso poema de Atahualpa Yupanki en aquella situación. Junto a mi hermosa soledad. Este poema siempre fue un fiel compañero de mi amada conciencia.

Este es un agradecimiento a todos aquellos habitantes de aquellas localidades Cordobesas por su amable hospitalidad.

Al Che…

Lo han cubierto de afiches /de pancartas

de voces en los muros

de agravios retroactivos

de honores a destiempo

lo han transformado en pieza de consumo

en memoria trivial

en ayer sin retorno

en rabia embalsamada

han decidido usarlo como epilogo

como última thule de la inocencia vana

como anejo arquetipo de santo o satanás

y quizás han resuelto que la única forma

de desprenderse de él

o dejarlo al garete

es vaciarlo de lumbre

convertirlo en un héroe

de mármol o de yeso

y por lo tanto inmóvil

o mejor como mito

o silueta o fantasma

del pasado pisado

sin embargo los ojos incerrables del che

miran como si no pudieran no mirar

asombrados tal vez de que el mando no entienda

que treinta años después sigue bregando

dulce y tenaz por la dicha del hombre

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Dedicado a mis compañeros de la Juventud Guevarista.

Yo descubrí que las estrellas no son culpables…

 

A esta noche de grillos le haré mal
con mi luz de minero, con mi andar.

Yo descubrí que las estrellas
no son culpables, no son ellas
las que inventaron los segundos
y los minutos de este mundo.
Yo comprendí que no son ellas,
no son culpables las estrellas,
no.

A esta noche de grillos le he de dar
mi violento relámpago al cantar.

Yo descubrí que los planetas
no son culpables de las restas,
que la matanza de mi tiempo
no es culpa de esos elementos,
yo comprendí que no son tretas
que sean obras de planetas,
no.

A esta noche tan hembra la he de amar
con mi sexo satélite girar.

Yo descubrí que la menguante
luna de miel duele bastante
y que entre dos todo es posible,
de lo más bello a lo terrible,
lo comprendí entre la amargura
del lado impuro de la luna,
sí.

A esta noche de esclavos liberar
con un pueblo de estrellas titilar.

Yo descubrí que el combatiente
es más honrado y más valiente
cuando no olvida la ternura
bajo la piel de su armadura,
lo comprendí ante la hermosura
del lado claro de la luna,
.

Esta noche sin horas partirá
porque el tiempo no existe en mi cantar
y la muerte no sabe mi reloj,
su guadaña no puede con mi amor.

Yo descubrí que las estrellas
no son culpables, no son ellas
las que inventaron los segundos
y los minutos de este mundo.

Yo descubrí que no son ellas,
no son culpables las estrellas,
no.

 

Solía viajar sin horarios y sin destinos con mi Honda CG 150. Tal es así que recuerdo esta canción porque quedo marcada en mi memoria un gran día de mi vida. Me encontraba viajando hacia la ciudad de Mar del Plata con la moto, la guitarra, la carpa, mi bolso de ropa y algunos libros. Pleno invierno, con un frió que carcomía los huesos (tanto así que tenia puesto tres pantalones, dos remeras, un buzo, una campera de corderoy, y la campera de Aeropuertos Argentina 2000, bastante impermeable aunque aquella vez no resistió), allí me encontraba yo viajando a las ocho de la noche cuando comenzó la tormenta. El viaje había comenzado a las dos de la tarde y tras seis horas seguía subido a mi motocicleta. La autopista que conduce a la costa argentina (La 2) se encontraba desolada. El agua caía con furia y allí me encontraba yo en medio de aquel aguacero viajando escuchando en mis auriculares el disco (A dos voces de Daniel Viglietti y Mario Benedetti). En el cielo oscuro se dejaba ver cada dos por tres uno que otro relámpago que iluminaba la carretera.

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La foto antes publicada fue tomada en la misma ruta pero antes de que oscurezca. En un momento de la tarde el agua que caía era tal que se hacia imposible ver el camino. Con precaución y busque refugio hasta que el cielo calmara tanta furia contenida. Para mi desgracia el viaje estuvo empapado, creo que hice unos trecientos kilómetros empapado de la cabeza hasta los pies. Pero en la vida a veces hay que sufrir para después poder ver el sol. Así fue que continué a pesar del frió, del agua, poniendo el pecho a las adversidades. Porque al final, siempre sale el sol.

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Mar del Plata – Argentina

Este fue el disco que escuche durante todo el viaje…

(https://www.youtube.com/watch?v=gCHCbtPDbno)

 

Ser escritor de tu propia vida es vivir las aventuras que a uno lo hagan feliz.

Un saludo a mis lectores.