El eco de tu voz

En otro tiempo el acento no era tan marcado o si existía se escondía por vergüenza a la discriminación. Era un joven más introvertido y con un complejo marcado de inferioridad. Pero el tiempo paso y los kilómetros se sumaron a su espalda. El paso del tiempo no solo curo heridas, sino que también enseño lecciones, algunas más que valiosas, que si uno está atento son muy enriquecedoras para el alma. Aquel joven inmigrante tenía la capacidad de adaptarse rápidamente, tanto así que aprendió un idioma nuevo en tan solo un año, y tras su llegada al nuevo país volvió a retomar ese camino que implica aprender y adaptarse. Recuerda aquel memorioso que, en uno de las salidas, que hacen los adolescentes para celebrar que son seres que existen sin preocupaciones, una joven salvaje local le pidió que le mostrase la tonada foránea indicando así que sentía aprecio por el canto de otras latitudes. El joven disminuido en su esencia por los recuerdos y el pasado que se distanciaba cada día del presente no tuvo ni el interés ni la motivación para demostrar su verdadero ser y aquella historia quedo poco a poco en el olvido. Era una bella habitante de la selva, con finos rasgos autóctonos, tenía, si mal no recuerda aquel joven, un gran carácter y un sentido del humor muy refinado. El tiempo y el constante devenir de la realidad, que jamás vuelve a ser dos veces la misma, los distanciaron. Pero también el tiempo y el espíritu aventurero de él, hicieron que sus destinos se cruzaran una vez más. Así fue que durante un instante sus seres se encontraron, y a pesar de no reconocerse ella sintió en el aire esa tonada extranjera, e identifico el matiz del sonido que alguna vez deseo escuchar. Su encuentro fue tan breve que ninguno tuvo tiempo de comprender que había pasado allí, pero ambos saben que el encuentro de esos dos seres representa un encuentro con su pasado, con aquella juventud perdida, con aquellos momentos en que las mayores preocupaciones eran asuntos superficiales y lo que más interesaba al organismo biológico era la pasión del león que rugía dentro del pecho. Tal vez sean solo palabras o tal vez recordó sentimientos de una adolescencia en la que supo amar como solamente aman los aventureros. Aquí tengo todo el papel, solo me falta la lapicera para seguir escribiendo mi historia.

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