Sophie Tucker – Some of These Days (1926)

Canción que es nombrada en “La Nausea” de Jean Paul Sartre. Supongo que en algún momento de su existencia la escucho. Como lo hago yo y como lo haces tu. Porque nosotros pereceremos, pero el arte sobrevivirá. Al menos eso cree el Mihai del presente.

Saludos lectores…

 

 

Aquí un fragmento:

Pienso en un americano afeitado, de espesas cejas negras, que se ahoga
de calor en el piso veinte de un inmueble de Nueva York. Encima de Nueva
York, el azul del cielo se ha inflamado; enormes llamas amarillas vienen a lamer
los techos; los chicos de Brooklyn se ponen, en pantalones de baño, bajo las
mangueras. El cuarto oscuro, en el piso veinte, se cocina a fuego vivo. El
americano de las cejas negras suspira, jadea y el sudor le corre por las mejillas.
Está sentado, en mangas de camisa, delante del piano; tiene un gusto a humo en
la boca, y vagamente, vagamente, el fantasma de una melodía en la cabeza,
“Some of these days”. Tom vendrá dentro de una hora con su frasco chato sobre
la nalga; entonces se desplomarán los dos en los sillones de cuero y beberán
grandes vasos de alcohol y el fuego del cielo inflamará sus gargantas, sentirán el
peso de un inmenso sueño tórrido. Pero primero hay que anotar esta melodía.
“Some of these days”. La mano húmeda toma un lápiz sobre el piano. “Some of
these days you’ll miss me honey”.
Sucedió así. Así o de otro modo, poco importa. Así nació. Escogió para nacer
el cuerpo gastado de ese judío de cejas como carbón. Sujetaba blandamente el
lápiz y gotas de sudor caían de sus dedos enjoyados al papel. ¿Y por qué no yo?
¿Por qué se necesitaba precisamente ese gordo estúpido lleno de cerveza sucia y
de alcohol para que se cumpliera el milagro?
—Madeleine, ¿quiere poner de nuevo el disco? Una vez más, antes de que me
vaya.
Madeleine se echa a reír. Hace girar la manivela y la cosa empieza de nuevo.
Pero ya no pienso en mí. Pienso en aquel tipo que compuso esta melodía, un día
de julio, en el calor negro de su cuarto. Trato de pensar en él a través de la
melodía, a través de los sonidos blancos y acidulados del saxofón. Hizo esto.
Tenía dificultades, no todo le iba como Dios manda: cuentas que pagar —y
además debía de haber por ahí alguna mujer que no pensaba en él como lo
hubiera deseado—, y además había esa terrible ola de calor que transformaba a
148 Jean Paul Sartre
La Náusea
los hombres en charcos de grasa derretida. Todo aquello no tenía nada de muy
lindo ni de muy glorioso. Pero cuando oigo la canción y pienso que la hizo aquel
tipo, considero… conmovedores su sufrimiento y su transpiración. Tuvo suerte.
Por lo demás, no se habrá dado cuenta. Debió de pensar: ¡con un poco de suerte,
sacaré unos cincuenta dólares! Es la primera vez desde hace años, que un
hombre me parece conmovedor. Quisiera saber algo sobre ese tipo. Me
interesaría conocer sus dificultades, si tenía una mujer o si vivía solo. No por
humanismo; al contrario. Porque hizo todo esto. No tengo ganas de conocerlo;
además quizá haya muerto. Obtener sólo algunos informes sobre él y poder
pensar en él, de vez en cuando, al escuchar este disco Eso es. Supongo que a
aquel tipo no le haría ni fu ni fa si le dijeran que en la séptima ciudad de Francia,
en los alrededores de la estación, hay alguien que piensa en él. Pero yo sería feliz
si estuviera en su lugar; lo envidio. Tengo que irme. Me levanto, pero vacilo un
instante, quisiera oír cantar a la negra. Por última vez.
Canta. Dos que se han salvado: el judío y la negra. Salvado. Quizá hasta el fin,
se hayan creído perdidos, ahogadas en la existencia. Y sin embargo, nadie podría
pensar en mí como yo pienso en ellos, con está dulzura. Nadie, ni siquiera Anny.
Para mí son un poco como muertos, un poco como héroes de novela; se han
lavado del pecado de existir. No por completo, claro, pero tanto como puede
hacerlo un hombre. Esta idea me trastorna de golpe, porque ni siquiera la
esperaba ya. Siento que algo me roza tímidamente y no me atrevo a moverme
por temor de que se vaya. Algo que ya no conocía, una especie de alegría.
La negra canta. ¿Entonces es posible justificar la propia existencia? ¿Un
poquitito? Me siento extraordinariamente intimidado. No es que tenga mucha
esperanza. Pero soy como un tipo completamente helado que después de un
viaje por la nieve, entrara de pronto en un cuarto tibio. Pienso que se quedaría
inmóvil cerca de la puerta, frío aún, y lentos temblores recorrerían todo su
cuerpo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s