Memorias de un viejo solitario…

A veces me pregunto que hice para llegar a la vejez y estar solo. Me despierto solo como cada día, voy a la cocina y pongo el agua para tomar mi te. Luego vuelvo a la cama o al sofá a leer un poco o simplemente a recordar mi pasado. El poco tiempo que me queda se me escurre poco a poco entre los dedos. Ciertas veces me arrepiento de como viví y me pregunto que hice mal para que mis hijos se hayan ido tan lejos y no vengan tan seguido a visitarme. Al mediodía siempre cocino algo, la dieta varía en función de cómo administro mi modesta y corta pensión, que tras tantos años de aportes me doy cuenta que nunca alcanzan para todo lo que necesito. De los medicamentos ni hablar. Ciertas veces hago de cuenta que no existen y me olvido totalmente de ellos, total pienso, a quien le va a importar que este viejo oxidado muera cada día mas. Otras veces siento a la muerte tan cerca que el pánico me obliga a tomarlos como corresponden. Las de la mañana con el estómago vacío, las del mediodía después de almorzar y las de la noche, bueno de esas que contar, dos azules y dos rojas. Ya no recuerdo para que era cada una, pero odio las rojas, siempre me cuesta tragarlas. A la noche antes de dormir siempre bebo un vaso de vino, para que la alegría del alcohol borre penas y desdichas; y así medio mareado y solitario me retiro a mi cómoda a pensar que quizás mañana ocurra algo que cambie esta rutina que me lastima cada día desde que no estas vos.

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