Breve historia de un romance…

Él se encontraba más nervioso que de costumbre, pues este sería el segundo encuentro después de aquella primera cita. Habían acordado verse en la casa de la abuela de ella, que para esas horas ya se encontraría durmiendo plácidamente. Así fue que le dio las instrucciones de cómo llegar y qué hacer cuando estuviera frente a su puerta. Era sencillo, cuando llegara a la dirección acordada, abriría lentamente el pasador de la reja principal, con mucho cuidado porque el óxido acumulado por paso del tiempo generaría un leve chirrido que podría alarmar a los perros de los vecinos, luego abriría la puerta del garaje, caminaría con sigilo esquivando los objetos allí presentes y al llegar al final abriría la puerta trasera, que daba a la galería interna de la casa. Allí estaría ella esperándolo con un traje de lencería y una botella de vino. Así fue que con paciencia espero el autobús que lo llevaría hacia la localidad vecina. Unos treinta kilómetros separaban aquel amor, pero la distancia desaparece cuando la pasión se hace presente. Ella lo pensaba constantemente, tanto que olvidaba las llaves puestas, tropezaba en cada vereda, olvidaba modales y se encontraba constantemente como en un limbo existencial; para colmo había cogido una adicción a la comunicación, tanto que no podía dejar de escribirle, cosa que a él ciertas veces le molestaba. Se encontraba tan emocionada de haber encontrado tal espécimen de joven que había comentado a cada una de sus amigas lo que había ocurrido entre ellos en aquella primera cita. Pero esta noche era distinta para ella, sería el primer encuentro romántico. Se sentía algo nuevo para los dos, pues solo se conocían hace unos días y la mayoría del dialogo había sido a través de los mensajes. Sin duda era algo moderno. Ambos sabían, dada la previa excitación del dialogo, lo que les esperaba, pero no podrían imaginar lo que sucedería.

La luna llena alumbraba el cielo que se encontraba totalmente despejado. El ómnibus llego después de una larga espera. Subió y partió al encuentro. Llego y al bajar observo que el lugar estaba bastante despoblado. Camino según las indicaciones que ella le había proporcionado. Al llegar supo que era la casa por la reja oxidada que se encontraba en la entrada, a unos diez metros de la casa. Con cuidado movió el pasador cerciorándose de generar el menor ruido posible. Luego se acercó a la puerta del garaje y observo que se encontraba levemente abierta. Entro sigiloso. El garaje se encontraba en penumbra y de fondo se escuchaban los grillos que cantaban en el patio delantero. Camino con cuidado y unos metros delante observo otra puerta entreabierta y un hilo de luz roja que se filtraba por el espacio que se hallaba entre el marco y la puerta. Al llegar a la puerta se detuvo. Una mezcla de nervios y timidez invadió su cuerpo. Abrió la puerta y allí estaba ella. Radiante con su vestido de encaje, sentada en el suelo. La luz roja procedía de un velador con una mampara, que con forma cónica vertía sobre las paredes ese intenso color rojo. Él se acercó en silencio. La mirada lo decía todo. Ella vertió el vino en ambas copas y brindaron. Apoyaron las copas en el suelo e hicieron el amor, o el amor lo hizo a ellos.

Continuara…

 

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