Diez años de nostalgias…

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Una foto de aquella morada provisoria.

Ser escritor de tu propia vida es mas complicado de lo que parece a simple vista. Para empezar uno es libre de tomar los caminos que crea mas oportunos, y el punto clave para decir cual es el camino correcto o no, lo dictamina el corazón. Así fue que regrese al pueblo donde había crecido junto con mi madre y mi hermana, pero esta vez regrese solo, o mejor dicho con mi guitarra, mis libros y mi moto. Las casualidades de la vida hicieron que volviera a la misma casa en la cual me había criado junto con mi familia. La nostalgia abrió un profundo hueco en mi alma, un sabor amargo donde se plasmó el paso del tiempo, tanto en el entorno como dentro mío. Diez años son mucho tiempo para ver como el ser se transforma. Como nos convertimos con el correr de las aguas en seres totalmente diferentes a lo que nos hubiéramos imaginado. Que iba a saber aquel joven despreocupado, de los dolores que sufriría en el destierro, del profundo sentimiento de soledad que se sufre lejos de la tierra que uno ama. ¿Qué se siente abandonar una vida, y regresar a ella diez años después? El mundo cambia, las calles se parecen, pero no son las mismas. Nuevos edificios son construidos en terrenos donde solíamos jugar de niños, la gente mayor poco a poco no recuerda más que un leve eco de tu nombre, y los jóvenes amigos ya tienen familia formada con uno o varios hijos, la gente mira, pero no imagina que sos quien cree que eres. El paso del tiempo es para todos igual, pero modifica cada vida de una forma particular. Ciertas cosas se siguen manteniendo inmutables, como por ejemplo la cancha de pelota paleta, donde tantas tardes pase jugando hasta que el sol poco a poco se ponía por el oeste, cayendo en picado la sombra por las paredes. Tantas tardes buscando una pelota para poder jugar o pidiendo la paleta al señor vecino. El paso del tiempo deterioro aún más el suelo de la cancha, pero las majestuosas paredes seguían de pie. Muchos vecinos no comprendían que hacia este joven tras diez años en el pueblo, y, a decir verdad, yo tampoco. Mi vida me devolvió a mi pueblo y pase allí unos dos o tres meses. Demasiado tiempo para recordar, para reencontrarme con la vida, para ver los cambios de cerca, sin pantallas de por medio, para darme cuenta de que la fábrica de químicos cambio de nombre, pero sigue envenenando a la población, de que los gobiernos se suceden mientras el agua se contamina cada día mas. El progreso suena a fracaso. El paso del tiempo me dio la madurez para comprender asuntos que de joven ignoraba. Como por ejemplo que un taller de costura y su vida ociosa y de grandes lujos (La de los dueños claro) solo fue posible a costa de la explotación y la salud de varias empleadas, por no decir esclavas. Cuyo suelo paupérrimo solo alcanzaba para reproducir las condiciones de supervivencia, es decir para que al mes siguiente puedan volver a presentarse a la puerta del trabajo, pero sin posibilidad de progreso real. La explotación del hombre por el hombre se reproduce también a escalas diminutas.  Me di cuenta quien me trato mal en mi infancia y quien se portó bien conmigo por aquellos años, y eso lo comprobé por el sentimiento natural hacia ellos. Con ciertas personas mantuve una relación de dialogo, otras en cambio no quisieron dirigirme la palabra. Me pregunto si será miedo a ver el cambio en su propia existencia o intolerancia al paso del tiempo. En fin, pase noche de profunda soledad, lejos de mi familia y días soleados rodeados de amigos donde olvidaba por completo que este ser siente con demasiada profundidad. Anhelé pasados y soñé futuros. Escribí poemas, cante canciones, organice comidas con amigos de la infancia, trabaje (No mucho, para no desgastar un cuerpo marchito), me cocine, me cante, encendí religiosamente mi salamandra durante las noches frías de invierno, y demostré al mundo, o a mi pequeño mundo, que vivimos rodeados de lujos innecesarios, que la verdadera felicidad pasa por uno mismo. Así fue que poseía una ducha de calefón (para el que no sepa de dicha tecnología obsoleta es una especie de tanque de veinticinco litros donde se calienta el agua con una resistencia eléctrica), mis duchas eran a velocidades supersónicas, cortando el agua entre enjabonada y enjabonada, para no quedar a medio bañar. Como les digo en Europa y en el resto del mundo se disfruta de una calidad de vida inimaginable, pero claro, es a costa del resto del mundo, de gente que no posee agua, electricidad o cloacas. Así que, si puedo trasmitir un mensaje, aunque sea a mis pocos seguidores, es que tomen conciencia real de la importancia de cuidar el agua y los recursos naturales, vamos, en definitiva, sean un poco más ecológicos.  Y sobre todo sean felices.

 

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