MEMORIAS DE UN VIEJO SOLITARIO II

¿Que será de mi precioso ser cuando las fuerzas ya no alcancen para levantarme de la cama? Cuando el espíritu se fatigue de la vida. Cuando la fatiga de la existencia me pese y en las espaldas cargue con los recuerdos de un pasado. Mirare a mi pasado con los ojos del presente y confirmare que la salud merma cada día más, que la eterna noche se acerca para que los eternos mármoles cubran mis alrededores. Seré una luz que paso por la existencia. Un simple recuerdo que se desvanece cada día más. Soy mi cerebro demostrándome que su máxima lucidez no esta en el presente, que las ideas no aparecen, que los sueños se agotaron, que vivo en otra realidad, que no comprendo el porque de las cosas y que las energías poco a poco se evaporar frente al ocaso de la vida. ¿A dónde partieron todas las experiencias vividas? ¿A dónde los buenos momentos de mi vida? A donde el tormento de las noches infinitas y los largos amaneceres frente al río. Donde querido el amor por la sonrisa, por el canto de los pájaros, por las amistades pasadas. Quiero desprenderme del cuerpo y elevarme en una eterna plegaria del alma. Miro al horizonte con la nostalgia del pasado, del ajetreo de los niños que van y vienen por la casa, del amor que por la espalda nos abraza y que con una sonrisa nos demuestra que el presente lo es todo. Miro por la misma ventana y la casa esta vacía. Los sueños cumplidos y los no vividos cruzan por la imaginación como recuerdos de otras vidas. Me plasmo en pensamientos. Ya no hay amanecer que salve a un alma desdichada, ya no hay esperanzas. Todo es frio y distante como los besos que dejamos en noches apasionadas. Soy la amargura que queda tras un orgasmo inacabado, el destiempo de un amor no consumado. Soy la palabra efímera, la nota que presenta, se escucha y desaparece para siempre. Soy el tiempo que avanza en cada vuelta de reloj. Soy el abrazo efímero, el encuentro inesperado, los cambios físicos. Soy el amor que se elevo en mis años mozos, las sonrisas compartidas, las aventuras vividas. Soy el sentimiento pregonado nadando en el mar de las pasiones. Miro atónito al pasado y encuentro todo frio y distante, todo gris y funeral. Quisiera vivir otra vez, nacer de nuevo, reencarnar nuevamente con esta conciencia. No quiero perecer. Pero las fuerzas menguan y el destino golpea a mi puerta. Donde quedaron mis energías. Si alguien las vio díganle que en este cuerpo marchito el alma aun conserva su voluntad. Viviré otro día más para alcanzar en efímeros pensamientos los recuerdos que dieron forma a mi ser. Y aunque de los poderosos grandes se venguen los pequeños demostrare al tiempo que, a este cuerpo marchito aún, a pesar de todo, le queden energías para seguir luchando contra la entropía.

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