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Solo un montón de palabras…

Hoy, hace un año, mi vida daba un giro tan grande que me resulta casi imposible organizar las palabras para describir todo lo sucedido. El amor que de alguna manera me tenía atado a su existencia fue remplazado por uno nuevo que, para curiosidad de los lectores volvía a ser bastante parecido al anterior. ¿A qué me refiero? Al amor platónico que uno siente por la hermana de su mejor amigo. Esa historia que me tenía atrapado desde mi temprana adolescencia cuando me vi obligado a abandonar mi país para poder conocer a mi familia, y llevando conmigo mis recuerdos en una valija y mi amor platónico que me acompañaba hasta el aeropuerto en una foto. Ese treinta y ese treintaiuno del año pasado marcaron un antes y un después en mi vida y casi sin saberlo y sin pensarlo me convertí en un ser que persigue sus sueños. Porque muchos podrán decir que no respeto nada, que soy un malagradecido por no apreciar lo que tal o cual hizo por mi vida en algún momento de mi existencia, pero cuando se trata de amores todo está permitido excepto no seguir al corazón. Y esta es mi historia. La historia de un joven que por segunda vez ve ante sus ojos la existencia de un amor platónico, y la posibilidad de volver el tiempo atrás. Esta vez de nuevo mi mejor amigo, de nuevo su hermana, de nuevo su familia, de nuevo la misma pasión por el deporte, por las aventuras, los viajes, la política, la música y sobre todo la cultura. Me anime al cambio de familia, no está de más contar que mi familia vivía o vive en Europa y que yo emigre por mi cuenta a Argentina cuando tenia veinte años buscando reencontrarme con un amor, que para mí desdicha, había corrido tras el dinero y no creyó en esa pureza del amor, que a día de hoy, creo que solo está reservada a las almas más puras. Y así fue, yo jure volver a mis veinte años a la tierra que me vio crecer, a reencontrarme con mis recuerdos, con mi pasado y con mis sueños que esperaban ser cumplidos. Volví a Argentina pero el horizonte ya no era el mismo, ya no existía ese amor del cual había quedado atrapado en el recuerdo durante unos cinco años largos de exilio. Cinco años en los que mantuve el celibato más puro que mi existencia haya jamás podido conocer. Soñándola en las noches frías rumanas, en las cálidas tardes de verano españolas, en mis mejores días y en los días de mayor depresión en los cuales ni siquiera el arte podía llenar ese vacío que había quedado en mi interior al ser desarraigado de aquellas tierras y de aquel amor. Hace un año, más precisamente el treintaiuno de diciembre, el mismo día que ese amor frustrado cumplía años, yo me animaba a jugar la carta mejor guardada. Mi nuevo mejor amigo me invito a pasar año nuevo en su casa con su familia  y yo acepte. Acepte sin preguntas. Acepte sin prejuicios. Acepte sin más premisas que la de existir. Abandone a una familia, que aunque aprecio mucho, debo reconocer que forma parte de mi pasado, y que a pesar de que se haya enojado conmigo, la vida se compone de etapas, y creo que era más que necesario cerrar aquella. Me la jugué, como se dice en Argentina, y un treintaiuno lejos de mi familia, en la otra punta del mundo, junto a una familia que poco sabia de mí, pase las fiestas. Pase de un año a otro, de una vida a otra, cambiando de amores, cambiando de sueños, cambiando de objetivos, pero teniendo una sola certeza, el corazón siempre manda, en cada decisión, y en cada pulso esta la respuesta a los problemas que surgen en nuestro día a día. Yo estaba solo en el mundo, pero la igual que ahora, estaba donde quería estar. Solo había un pequeño problema en toda esta historia de amores y desamores, y es que ese treintaiuno me enamore de la otra hermana de mi mejor amigo. Pero esa es otra historia que contare cuando así lo sienta.

Si les puedo dar un consejo de alguien que sufrió mucho, si están enamorados de la hermana de su mejor amigo, o de cualquier otro ser, confiésenlo. Cara a cara, busquen el método, déjense llevar por los sentimientos, no vaya a ser cosa que como a mí la historia se les repita y terminen solos a miles de kilómetros de ella y lamentándose por todo lo que pudieron haber sido y no fueron. Los amores se declaran o los llevamos con nosotros hasta el corral de los quietos.

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