Sociología e Historia.

 

El estado sabe dónde vivimos, sabe dónde trabajamos, sabe cómo viajamos, y hasta en que transporte y en que horarios lo hacemos. Sabe cómo vacacionamos; si preferimos el extranjero o los destinos nacionales. Ayer fui a la facultad de sociología de Bucarest y a la de Historia, y tengo dos opiniones sencillas de un escritor mediocre. La clase de sociología a la que asistí solo hablaba de números, variables y cálculos con el ordenador, pero poco nombraba las teorías sociológicas de los grandes pensadores como Durkheim, Spencer, Weber, Marx, Giddens, por citar algunos. Ni punto de comparación con la facultad de Buenos Aires, ni hablar de que allí es gratuita y aquí hay que pagarla. Desde mi humilde punto de comparación, la clase no me gusto para nada, no me dio la sensación de que se enseñara a pensar a los estudiantes más bien se les enseñaba a introducir datos en el sistema como entes mecanizados.

Por otro lado, tras asistir como invitado a la clase de sociología, que vale aclarar que en principio me presente como rumano y fui rechazado, para luego utilizar el arma de doble filo; el carisma argentino que todo lo puede. Solo así pude entrar como oyente. Estoy muy desconforme con el sistema educativo rumano. Tal vez así sea más fácil dominar a una sociedad que solo puede tener acceso a la educación si tiene un alto poder adquisitivo. De todas formas no me dio la sensación de que formen sujetos libre pensantes.

Luego me hice presente en la facultad de historia, solo tres alumnos en el hall de la facultad. La librería/biblioteca estaba cerrada y algo que llamo mi atención de manera sorprendente fue ver que había varios estantes rodeando la facultad pero todos ellos vacíos; sin libros. Tras recorrer un poco la facultad pude comprobar una puerta entreabierta y al mirar observe un par de libros tirados en una estantería. Una imagen más que desoladora.

Mi sensación en estas tres semanas en Rumania es que el estado está sobrepasando los límites con respecto a los ciudadanos, como alguna vez escribió George Orwell, en su novela 1984, pero sin tanta intensidad, de momento. Ni hablar que por donde se mueva uno en esta sociedad está vigilado por cientos de cámaras. Esta sociedad cada vez más consumista se está olvidando de sus libertades individuales para formar parte de la masa sin cantera, esa masa fácil de dominar y al servicio de las grandes multinacionales que, utilizando la constante creación de necesidades, cada vez más difíciles de satisfacer, estan dominándonos como mercancías. Un último detalle que llamo mi atención el día de ayer, en el subte o metroul como le dicen acá, observe a un jóven que desde un celular emitía una luz que en el suelo formaba las palabras “DICTADURA IS COMING”. Para nada alentador el pronóstico de este joven, y sinceramente espero ese equivocado. No voy a tocar en este asunto el tema sobre las bases militares estadounidenses en tierras rumanas, ni de como el idioma y la cultura están siendo dejados de lado, desvalorizándose por usar una palabra, en favor de culturas foráneas como la estadounidense. Solo hay que ver la televisión, las publicidades o la mayoría de cosas que nos seducen a que las compremos, para ver como poco a poco se impone el idioma extranjero por sobre el propio. Eso es lo que se llama colonialismo del siglo XXI. Ciudadanos rumanos, tenga amor por su patria y sean un poco más nacionalistas, y sobre todo no se olviden de su cultura.

 

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