Una triste historia de amor…

Una o varias, la realidad es que mi vida amorosa está en las ruinas. Ya no hay esperanzas para nada, ya no siento ni la motivación para levantarme cada mañana. Soy un hombre sin suerte, no sé porque el destino me juega las cartas de esta manera pero estoy condenado a ser lo que no quiero ser, y amar a las personas que no quiero amar. Espere a un amor cinco años, y cuando volví a buscarlo, ella salió corriendo trás el dinero. Cuando descubrí otro amor, que en su momento supuse que era platónico, apareció ella, con su teatro de insatisfacción, con su sonrisa, sus ojos y sus maneras, y yo, deje de lado varios sueños por estar a su lado. Pero el destino me pisoteo de nuevo y ese amor voló, se fue bien lejos para que sintiera lo que es la verdadera soledad. El dichoso amor platónico no era tan así, y entre idas y vueltas no fui yo solo quien sufrió un desamor. Así es que no solo sufrí, hasta el punto de llorar todo un veinticuatro de diciembre a la noche, sino que además hice sufrir a otra persona. Es así a veces el deseo por la carne nos puede jugar una mala pasada. Hoy estoy preso en palabras, mi ser quedo atrapado en aquella historia escrita y publicada por mi amor platónico, mi doncella, aquella persona a quien le dedique meses de mi vida a través de una pantalla. Porque la realidad es que cara a cara jamás pudimos confesarnos que nos amábamos. Hoy soy yo el exiliado, el que partió al olvido, a un país frío y lejano, en su estación más cruda, y sin ganas de adaptarme, sin ganas de vivir, ni de ver el sol. Solo sé que golpee a su puerta una noche de invierno, y ella me dijo con total naturalidad que era un desubicado. ¿Porque razón del destino no quisiste hablar conmigo si habías publicado un libro?. Porque por más que quieran convencerme que el libro estaba escrito por el susodicho veterinario, me juego la vida mil veces a que fue escrito por ella. Aquella historia es nuestra historia, y aquellos recuerdos son nuestros recuerdos. Hoy estoy en un país extraño con una cultura que no me comprende, no comprende a un despechado, y puedo confesar que si espere cinco años a un amor, es porque realmente me juego el corazón en cada relación. La única que puede comprenderme es mi hermana, pero ella está ocupada con su vida y creo que no tiene tiempo para escuchar mis historias. Tendré que partir otra vez a casa de mi madre, a recomponer un corazón abandonado y sin muchas ilusiones.

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