Memoria.

 

Hoy duermo en el mismo lugar donde dormí hace diez años, y probablemente así es la vida siempre se vuelve a los lugares donde se a estado en algún momento del pasado, físicamente o en la memoria. Voy  a reconocer que  es una situación muy particular, porque para empezar el lugar ya no es el lugar de aquel entonces. En la oscuridad de la noche escribo estas palabras mientras mastico el amargo sabor de la soledad. Aún recuerdo cuando con quince años fui desarraigado de mi tierra y de un amor para ser traído junto a la familia, esa familia que no era mi familia aunque así lo digan los apellidos. Ellos no tienen la culpa, la tuvo mi querido padre que abandono una familia en las tierras más remotas del contienen sudamericano. Aun así admiro el gran esfuerzo que hicieron por tratar de adaptarnos a su mundo, a su país. El cariño que les tengo va más allá del cosmos, después de todo tenemos la misma sangre. La nostalgia del pasado jamás me dejo vivir en el presente y mi conciencia siempre quedo atrapada en el recuerdo de aquella vida pasada. Aquella juventud de barrio, de pueblo, de juegos en la calle, entre árboles, con amigos o solo. Por aquel entonces era un jóven sin la madurez como para comprender muchas cosas, pero siempre mantuve el anhelo por regresar a mi tierra, aunque a decir verdad ya no sé muy bien cuál es mi tierra, siempre dije que era un ciudadano del mundo. Aún no determine en qué lugar del globo dejare estos huesos que a decir verdad ya me pesan demasiado. Voy y vengo por el mundo arrastrando mi soledad y nada puedo hacer para evitarlo. Regrese a mi pueblo a visitarlo tras cinco años de ausencia, allí en Argentina, pero no solo eso, regrese a vivir a él tras diez años y les aseguro que uno ve el desarrollo de la vida en carne propia. Los amigos ya no son tan amigos, los grupos cambian, las parejas formadas pueden ser de lo más llamativas, la gente grande se olvida y los jóvenes no nos reconocen. Así es la vida, pasa y pasa y un día dejamos de ser, de pertenecer. El paisaje cambio aunque no tanto, admito que fui tratado de la mejor manera por los habitantes de aquel pueblo, al que regrese en silencio, sin llamar la atención. Aun me pregunto cómo habrá llegado hasta allí el ser que me engendro y al cual no juzgo por su vida al fin y al cabo jamás supe mucho de su existencia. El presente me duele, quizás porque fue rechazado por un amor en Argentina, seguramente la vida es así, uno no puede obtener siempre lo que quiere. Me soñé con ella, me enamore de toda su familia, hasta de su gato de quien sentí una profunda compasión por ver el paso del tiempo en su propia piel. Hoy estoy a un vuelo de distancia, aunque a decir verdad nos separa mucho más que una barrera territorial. Sé que ella también me amo, pero también sé que jamás nos animamos a confesarlo, y es ese dolor el que no me deja ser feliz. Vivo y existo, como, duermo y todo ¿Para qué?. Si tan solo supiera lo feliz que sería si se animara a cruzar el charco, a conocer otro mundo, otra realidad, otros horizontes, pero claro no puedo exigir ni pedir a nadie que se anime a estar lejos de su familia, porque a decir verdad no se lo deseo a nadie, el sufrimiento que se experimenta es tan grande que uno siente que pierde años de vida. Mi querida madre, hoy te comprendo más que ayer. Pero solo pude hacerlo cuando tuve el coraje de partir lejos, y no solo en la distancia, sino en el tiempo. Moverme por esa línea que se llama tiempo, separarme del presente y dejar que tomemos caminos separados. Hoy seguimos distanciados, lamentablemente sigues presa en ese trabajo y será así hasta que termines tu casa, porque en esta vida no todos tienen la suerte de heredar fortunas. Triste es que tu país no te de las posibilidades de trabajar cerca de tu gente,  triste es tener un título universitario y trabajar como una esclava. La vida a veces es demasiado injusta. Yo por mi lado que voy a contar a los lectores, me enamore y fue desterrado, enviado al exilio. Desde allí, la esperé y la esperé, pero ella no. Aun así probé a ser feliz y volví a levantar la cabeza para seguir luchando por mis sueños. Hasta que la descubrí a ella, era la poesía personificada, la misma historia, el mismo mejor amigo, el mismo amor por el deporte, la misma familia, pero de nuevo el destino me jugaría una mala pasada. Pero esa es otra historia que a decir verdad hoy no estoy de ánimos para contar. En tu memoria Moncho, siempre me quedara presente tu mirada.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s