Faculta de Arquitectura de La Plata

 

Dos días en el mismo lugar, como si mi esencia siguiera presa en el recuerdo, de aquella tarde primaveral, en aquel plenario donde se nos escurrían entre los dedos conceptos como izquierdismo, alianza o voy a buscar más agua para el mate. ¿Que estoy haciendo aquí? ¿Y si esta vida es tan solo un sueño? ¿Y si estoy preso en este laberinto? ¿Por qué solo vivo siguiendo mi instinto? Si contara mis acciones del pasado enseguida me tacharían de loco sin la menor duda; tirar un DNI frente a un padre que de manera casi natural inculca a su hijo conceptos discriminativos, claro que, de manera subjetiva e inocente, pero que, a mi entender, lo bastante claros para que sean reproducidos por el niño cuando crezca; o tirar otro DNI frente a unos ojos azules que por casualidad se cruzaron en mi camino; o encerrarme en un baño público de un aeropuerto a borrar rastros de mí pasado. Todo es tan efímero, todo es tan fugaz, que el vivir tan solo es soñar. El ser mira a través de mis ojos, pero está preso. El cuerpo es tan solo un envoltorio, lamentablemente descartable, de lata. Mi ser no tiene memoria, ni tampoco ambiciones y me animo a decir que ya casi le quedan pocas esperanzas. ¿Quede atrapado en mi propio juego? ¿Quede preso de las palabras? Porque no estoy cómodo en ningún lugar del mundo, si como dijo mi amigo Fandermole “tengo claro en el abismo de mi andar y mi desvelo que estoy hecho de lo mismo que lo que brilla en el cielo” somos polvo de estrellas y hay gente que se preocupa si le hace juego el pantalón con la remera o si la inflación aumento un tanto por ciento. Voy a ser un escritor mediocre me dijo un amigo alguna vez; puede que sí; no busco fama, tan solo expresar estos sentimientos con el canto del alma. Canto versos o líneas como vos Fender; hundido en mi soledad, en mi abismo, del cual no puedo escapar, o del que no quiero escapar. Las primeras experiencias no se volverán a repetí… ¿O sí? Creo que estoy esperando que aparezca esa persona que ponga fin a este tormento, aunque creo por momentos, que continuara hasta el fin de mis días. Ya morí en estas tierras, en una noche oscura, en la ruta, con sueño. Tan solo media vuelta de llave de mi moto y la nada se hizo presente. El miedo más onda. El pánico del que todos huyen, yo lo viví, y aquí lo cuento. Sueño, hambre, sed, nervios, ¿Que son sino somatizaciones del alma?

Mi ser se expresa a duras penas, con las últimas energías vitales, no existe el mañana, tan solo el aquí y el ahora, pobre de aquel que crea que lo que ha de venir durará más que lo que paso. Hoy, hoy te entiendo un poco más Jorge Manrique, mejor dicho, cada día te comprendo un poco más. Voy a escuchar un poco de música así alivio esta angustia vital que no me deja vivir en paz.

 

 

 

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