Carta a un amor que no se dio.

Caí en aquel lugar por nostalgia, fui llevado allí por mi libre albedrío, sin nada premeditado. De hecho fui allí con el objetivo de pasar a escribir un rato. Los viajantes a veces necesitamos descansar, y mas cuando recorremos tantos kilómetros en tan poco tiempo. Me senté en un respaldo de madera y comencé a escribir, sin saber que podría pasar, solo deje que mi pluma fluya con mis pensamientos. Aún no recuerdo cuando fue que la vi por primera vez, pero en mi memoria esta presente sentada junto a un cantero, mejor dicho sobre él. No creo que lo sepa pero altero mis sentidos de una manera sin igual. Claro que algo tenía que pasar en una conexión así, y como por arte de magia terminamos comiendo todos en su casa. Esta claro que ama la cocina, quizás algún día se entere que yo también y que no pudo estar mas acertada con la elección del plan y la comida. A decir verdad había muchos chicos en aquella velada, no recuerdo si doce o catorce, pero yo no podía dejar de pensar en ella. No se su apellido, solo se parte de su nombre, y también se que despertó tantas cosas en mi que al día siguiente le escribí una carta, que por cobardía no me atreví a entregar y que conservo conmigo. Los amores que contengo son tantos y tantos que por ellos canto.

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